Máscaras tradicionales de México.

En este #LunesDeLibro vamos a revisar un texto muy importante para el estudio de las máscaras en nuestro país y, a partir del mismo, conoceremos un poco más de las máscaras que se utilizan en las danzas de Moros y Cristianos, todo ello de la mano de la Dra. Ruth D. Lechuga.

Portada Máscaras Tradicionales de México
Ruth D. Lechuga, San Antonio el Doctor, Querétaro, 1977, No. de inventario ARL_N16589_QRO, Original plata-gelatina, 6 x 6 cm., D.R. ® Acervo Fotográfico Ruth D. Lechuga / Fundación Ajaraca A.C.

No es posible hablar sobre las máscaras mexicanas sin mencionar a la doctora Ruth Deutsch Lechuga, coleccionista y pionera en la investigación del arte popular, así como en la documentación de diferentes aspectos de la vida cotidiana de las comunidades, a través de las imágenes que capturó durante sus viajes por varios rincones de nuestro país. Su vasto acervo fotográfico se encuentra bajo custodia de Fundación Ajaraca (https://www.fundacionajaraca.org/) y es un testimonio de manifestaciones sociales y culturales, algunas ya desaparecidas, el cual nos permite conocer un poco más acerca de los pueblos y de su gente.

Antes de comenzar, hablemos brevemente sobre la fotografía que ilustra esta reseña, cortesía de Fundación Ajaraca. En ella podemos observar a la Dra. Lechuga rodeada de personajes enmascarados en San Antonio El Doctor, en el estado de Querétaro. De acuerdo con la información publicada en una fotografía de la misma serie, disponible en el sitio web de la fundación, estos personajes representan a diablos y acompañan las procesiones de Semana Santa. Puede visitar esta imagen dando clic aquí.*

Máscaras tradicionales de México cuenta con una edición y fue publicado por el Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos (BANOBRAS) en 1991, con un tiraje de 2000 ejemplares. La presentación de la obra está a cargo del Dr. Enrique Álvarez del Castillo, director de la institución entre 1991 y 1993, donde manifiesta el interés del banco en difundir y rescatar la cultura del país. Este texto se puede consultar con relativa facilidad en bibliotecas, aunque para conseguir un ejemplar es necesario recurrir al mercado secundario. En Internet puede encontrarse con precios entre los 60 USD y 180 USD más envío; también puede buscarse en librerías de ocasión y especializadas con precios similares, alrededor de $1,300 MXN.

Dentro de las diferentes categorías del arte popular, las máscaras ocupan un lugar destacado ya que no se limitan al objeto en sí mismo, sino que trascienden a partir de su uso en danzas, fiestas y carnavales. La importancia de la máscara queda manifiesta desde la introducción, donde la autora nos menciona que “Cuando el individuo deja a un lado sus máscaras personales, para actuar como exponente de las manifestaciones culturales de la sociedad, la máscara se convierte en revelación de la esencia del grupo que representa. En este momento deja de ser expresión facial individual y se recurre a la careta elaborada especialmente para cada ocasión.1, es decir, las máscaras se vuelven la faceta representativa de las tradiciones.

El libro abarca en cuatro capítulos los aspectos más notables para conocer la relevancia e historia de las máscaras en México. El capítulo 1, Las máscaras desde tiempos prehispánicos, es corto y nos muestra la transición entre el origen y el uso de las máscaras entre las culturas originarias y los primeros años del periodo colonial. Es aquí, en un momento tan temprano del texto donde queda asentada la importante relación entre la máscara y la danza, al señalar que “Durante las ceremonias religiosas y también en algunas ocasiones festivas se ejecutaban numerosas danzas. En todas ellas se hizo amplio uso de máscaras que representaban toda clase de animales, personas de otras tierras, viejos y muchos más2. A partir de la conquista de Tenochtitlan, el periodo colonial se recorre en unos pocos párrafos, pero nos detenemos en dos puntos clave para nuestro análisis: la mención de la danza de los Moros y Cristianos, como parte de los festejos realizados por los españoles y su rápida difusión y adaptación por parte de los indígenas; y la imagen que representa a un Moro en una parte del “Biombo del palo volador”, exhibido en el Museo de América, en Madrid, España.

El capítulo 2 es el más amplio, no es sorprendente ya que en él se habla de La máscara en el México contemporáneo. Aquí se presentan las máscaras utilizadas en las diferentes danzas y representaciones que la autora pudo ver y documentar directamente. Para abordar un panorama tan amplio, el capítulo se presenta a partir de ejes temáticos: danzas de los viejos, de animales, el tigre (la cual recibe un apartado especial), de homenaje y catequizantes, ciclo agrícola, por mencionar algunas, además de las “Danzas de moros y cristianos y sus derivados” siendo el contenido donde pondremos particular atención.

A partir de la descripción de las danzas de este tipo, la autora propone catalogarlas como el ciclo de infieles y cristianos3, debido a la variedad de temas englobadas dentro de los “Moros y Cristianos”, donde la categoría de “Moros” queda rebasada al incluir a los enemigos representados por indios, judíos, diablos, etc., siendo la conclusión en todas ellas la misma: la conversión y bautizo de los infieles y el triunfo de los Cristianos.

A continuación la autora hace referencia a distintas danzas y sus principales características, además de señalar que el nombre con el cual se conocen usualmente tiene relación con algún aspecto determinado de cada una de ellas, surgiendo así los Moros Cabezones, los Santiagueros, los Chareos, Pilatos, Archareos, Alchileos, Medias Lunas, Santiagos, además de los Doce Pares de Francia, entre otros. Si bien las danzas de Moros y Cristianos están ampliamente difundidas en todo el territorio nacional, el texto pone especial énfasis en comunidades ubicadas en Chiapas, Guerrero, Puebla, el Estado de México, Oaxaca, Jalisco y un par de menciones puntuales a Colima, la zona del Bajío y Veracruz.

Al avanzar en la lectura, es posible identificar el uso de varias categorías que nos remiten a la clasificación de danzas propuesta por Arturo Warman en su texto La danza de Moros y Cristianos (SepSetentas, 1972)4, aunque no se menciona explícitamente: espectáculos de masas, ciclo de moros y cristianos, ciclo carolingio5, danzas de conquista, tastoanes y danza de concheros.

Nos parece oportuno señalar una situación ya comentada en nuestra introducción al estudio de las máscaras en las danzas de Moros y Cristianos y que la autora señala expresamente: no en todas estas representaciones se utilizan máscaras. En este sentido habla del caso de las Morismas en Zacatecas y algunas danzas donde muchos cristianos no portan máscaras, o utilizan yelmos, o Santiago suele representarse con el rostro descubierto. Sin lugar a dudas, es necesario mencionarlas aunque no abunda en ellas, toda vez que el tema del libro son las máscaras.

El capítulo 3, trata de los personajes fundamentales para las máscaras, sus creadores. El mascarero y su trabajo nos presenta nombres y testimonios de varios artesanos con los que la Dra. Lechuga tuvo contacto , además de las diversas técnicas y materiales: madera de copal, copalillo y clavelino, entre otras; cuero, cera, papel, cartón y hasta metal son los materiales transformados en las hábiles manos de los mascareros. Su importante labor contrasta con las necesidades cotidianas, donde muchos de ellos deben alternar esta actividad con las labores del campo o sus empleos en las ciudades aunque, poco a poco, la mayor demanda de máscaras por parte de coleccionistas y otros mercados ha permitido que algunos artesanos se dediquen de tiempo completo a su elaboración aunque ello implique la creación de piezas meramente decorativas sin descuidar la producción de máscaras tradicionales para cubrir la demanda local.

De este capítulo llama nuestra atención la mención del rostro pesado que se utiliza en la danza de los Alchareos, en San Martín de las Pirámides, Estado de México. Este objeto se elabora con aluminio y fierro, con un peso cercano a los 5 Kg. En contraste, se tiene el rostro liviano, elaborado en fibra de vidrio y con un peso mucho menor, que se utiliza cuando la danza tendrá una duración larga6. Este cambio en los materiales, de usar fibra de vidrio en lugar de madera, es una muestra de la convivencia entre la tradición y la modernidad.

El rostro de la máscara es el último capítulo del libro, donde se habla de las características y las funciones de la máscara. En este sentido, la autora retoma una de las ideas iniciales del texto “La máscara, como objeto separado de su función, puede ser una obra de arte, una escultura de gran mérito estético. Sin embargo, se trataría de un arte estático, desconectado de su propósito real. Por otro lado, como parte de la indumentaria y en el contexto de la danza, la máscara, aun sin movilidad facial propia, adquiere expresiones diferentes, de acuerdo con los movimientos de su portador7. Y a partir de esta idea nos expone diferentes tipos: con detalles, sencillas, muy elaboradas, totales, parciales, más grandes que el mismo rostro del portador o incluso, más pequeñas. El cierre del libro es la parte más profunda de todo el texto porque nos adentra en las funciones que las máscaras pueden tener y que pueden abordarse desde diferentes disciplinas y a partir de la experiencia de los danzantes, compartidas en este apartado, por lo que el texto refleja la conexión que tuvo la Dra. Lechuga con las personas que conoció.

Un ejemplo sobre las diferentes funciones de las máscaras, más allá de su uso en las danzas, lo encontramos en el caballito utilizado en la danza de los Santiagueros de Cuetzalan, Puebla. Según Donald Cordry, es un objeto con un matiz sagrado al que se le debe proporcionar agua y maíz mientras se encuentra en custodia del danzante que interpreta a Santiago a fin de evitar su escape del pueblo8.

Si bien el texto se encuentra repleto de narraciones y anécdotas contadas a la autora o vistas por ella misma, es en este capítulo donde se hace un análisis formal y se retoman varios elementos comentados en las páginas anteriores, permitiendo que el viaje hecho desde los antecedentes y uso de las máscaras en el mundo prehispánico hasta la década de 1980, tenga una conclusión y nos permita visualizar nuestras máscaras y danzas con otros ojos. A pesar de la distancia temporal entre la publicación del libro y nuestros días, el texto continúa vigente y es una referencia importante para un estudio sobre este tema, porque como la autora dice al finalizar, estamos hablando de una cultura viva, no se detiene y cambia conforme las necesidades, las creencias y los medios disponibles lo permiten.

El libro está profusamente ilustrado, con 123 imágenes a color y en blanco y negro, abarcando la amplia variedad de temas que hemos revisado. Entre estas fotografías se incluyen: 1 es una máscara de Tastoanes, 2 del Carnaval de Huejotzingo y 8 relacionadas directamente con las Danzas de Moros y Cristianos, incluyendo la mostrada en la portada, correspondiente a la danza de Los Doce Pares de Francia de Mexicaltzingo, Estado de México9.

Al hablar de las fotografías, es necesario dedicar un espacio a una persona importante en la concepción de este material, el Sr. Enrique Franco Torrijos, fotógrafo y amigo de la Dra. Lechuga, de quien se incluyen 39 fotografías en el libro, en su mayoría de piezas de colección o de objetos fijos. Además de su aportación gráfica, redactó la semblanza de la autora, misma que aparece en la solapa. Como nota personal, tuvimos ocasión de compartir una visita con el Sr. Franco y las historias y anécdotas que compartió nos permiten entender mejor su colaboración en este texto.

A partir de la revisión del libro, encontramos un par de detalles que nos parece oportuno mencionar. Las referencias de las imágenes 46 y 47 se encuentran invertidas. La imagen 46 se encuentra en la página 59 y corresponde a la danza de los Moros de Texistepec, Veracruz. La imagen 47 se encuentra en la página 60 y corresponde a la danza de los Archareos. Así mismo, el nombre de la comunidad donde se practica esta danza aparece como “San Francisco Mazapan, estado de México”, siendo el correcto “San Francisco Mazapa, Estado de México”. Por otro lado, la referencia de la imagen 2, Pintura rupestre, indica que se encuentra localizada en las Grutas de Juxtlahuaca, Oaxaca. Estas grutas se localizan en la comunidad de Juxtlahuaca, en el estado de Guerrero10.

Tal como se comentó al inicio, este libro es una referencia importante y necesaria para adentrarnos no solo al mundo de las máscaras, sino también al de las danzas. Sin volverse un catálogo o un diario pormenorizado de una u otra, nos da elementos suficientes para entender mejor las manifestaciones culturales de los diferentes pueblos y grupos de nuestro país. La obra está respaldada por una extensa bibliografía, por pláticas y entrevistas con varios personajes sin mencionar que es producto de los viajes, las investigaciones y la invaluable experiencia de la Dra. Ruth D. Lechuga.

NOTAS

  1. Pág. 9.
  2. Pág. 15
  3. Pág. 54.
  4. Puede consultar nuestra reseña de esta obra dando clic aquí.
  5. Para Warman, los Moros y Cristianos propiamente dichos, incluyen al ciclo histórico, al carolingio y al de Santiago.
  6. Pág. 122 y 127.
  7. Pág. 131.
  8. Pág. 146. Si bien este cuidado del caballito, no es exclusivo de Cuetzalan.
  9. Además de aparecer nuevamente en el interior. P. 139.
  10. CABRERA GUERRERO, Martha. Las grutas de Juxtlahuaca. Santuario al dios olmeca del maíz, Gobierno del estado de Guerrero, México, 2017, p. 26. Consultado en línea <Recuperado de https://issuu.com/muva/docs/libro_grutas_final.final&gt;

*Enlace actualizado.

Sobre los autores

Ruth Deutsch Reiss, nació en Austria en 1920. En 1939 su familia llega a México buscando refugio ante la persecución que sufrieron en Europa en los albores de la 2da Guerra Mundial. Estudió Medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México y se naturalizó como mexicana en 1954. En 1949 comenzó a acompañar a su padre en sus viajes por el país, recorriendo comunidades apartadas y conociendo su cultura y artesanías, de ahí nace su pasión por el arte popular. Contrajo matrimonio con el Dr. Carlos Lechuga Vergara, con lo que comenzó a ser conocida como Ruth D. Lechuga. Fue directora del Museo de Arte e Industrias Populares, asesora técnica del Fondo Nacional para las Artesanías y secretaria para los países latinoamericanos den el Consejo Mundial de la Artesanía, de la UNESCO. Autora de El traje indígena de México y La indumentaria indígena, entre otros, además de varios artículos. Falleció en su casa de la Ciudad de México el 19 de septiembre de 2004.

Enrique Franco Torrijos, nació en la Ciudad de México en 1930. Fotógrafo. Realizó estudios de Antropología Maya en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Ha escrito y participado en numerosos libros, entre ellos El Insólito Paisaje Mexicano, Kohunlich, una ciudad Maya del Clásico Temprano e Islas, silentes centinelas de los mares mexicanos. Actualmente es Socio Director en Franco Torrijos y Asoc. Editores.

Bibliografía

DEUTSCH LECHUGA, Ruth, Máscaras tradicionales de México, Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos, México, 1991. pp. 157.

Información de las fotografías

Fotografía de la Dra. Ruth D. Lechuga, cortesía de Fundación Ajaraca A.C. Agradecemos a Fundación Ajaraca y a su Directora Ejecutiva, Brenda Chávez Molotla, su apoyo.

Información de las biografías.

  • Subasta de fotografía, jueves 9 de noviembre del 2017, Catálogo, Morton Subastas, México, 2017, p.22.
  • Perfil de Enrique Franco Torrijos en LinkedIn. https://www.linkedin.com/in/enrique-franco-torrijos-b529a070/
  • FRANCO TORRIJOS, Enrique, Semblanza de la Dra. Ruth D. Lechuga, en DEUTSCH LECHUGA, Ruth, Máscaras tradicionales de México, Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos, México, 1991.

Agradecimientos especiales

  • María del Rosario Trejo Quintero
  • Karen Elizabeth Casasola Gómez
  • María Raquel Gómez Tello

Foto de la semana: Santiagueros de San Bartolo Cuautlalpan.

En la edición de hoy de la #FotoDeLaSemana, traemos una fotografía de nuestra comunidad sede: San Bartolo Cuautlalpan, en el Estado de México.

En nuestro sitio hemos hablado de diferentes tipos de danzas de Santiagueros, distribuidas en varias regiones de nuestro país: Puebla, Veracruz, el sur y el oriente de la Ciudad de México, Guerrero, el Estado de México, etc. A pesar de que todas ellas son llamadas Santiagueros, este es un nombre genérico que no necesariamente indica que se trate del mismo tipo de danza, por el contrario, cada una tiene características diferentes. Siguiendo la clasificación que hace Arturo Warman, las danzas de Santiagueros podrían quedar entre las que el llama Moros y Cristianos propiamente dichos y las Danzas de Santiagos1, dependiendo de los elementos que estén involucrados. Para el caso de la imagen que presentamos hoy, podríamos clasificarla como Moros y Cristianos propiamente dichos: la trama central es el enfrentamiento entre bandos y existen diálogos de tipo didáctico por medio del intercambio de embajadas2.

Además de los puntos que acabamos de mencionar, en la danza aparecen algunos personajes con nombres genéricos, como el Rey Cristiano y el Rey Moro. Sin embargo, ambos personajes, dentro de los diálogos de la danza, son referidos en ocasiones como Santiago y Pilatos, respectivamente, aún cuando en la comunidad no se les llama como tales. También aparece el general Sabario, personaje común en las danzas de Santiagueros y que, dependiendo la versión puede ser Moro o Cristiano. En el caso de San Bartolo Cuautlalpan, Sabario pertenece al bando de los Moros3.

La danza de los Santiagueros está muy arraigada en la comunidad, con una tradición de 125 años y que actualmente cuenta con 22 Santiaguerías, es decir, compañías o grupos de danza: 11 para la fiesta de enero y 9 para la fiesta de agosto, además de las 2 que participan el 8 de diciembre y las que acompañan durante la celebración del Santo Jubileo. Es, por tanto, una manifestación cultural muy sólida y viva.

La imagen fue tomada en enero de 1979, y observamos a la Santiaguería de los señores Eugenio Ramírez y Brígido Casasola Pineda, avanzando por la Avenida de los Ángeles, la calle principal de la comunidad que conecta a la iglesia y la plaza, con el cementerio, al final de la avenida. En la foto se alcanza a observar el quiosco y justo detrás, la iglesia, mientras los Santiagueros salen de la plaza.

Los danzantes que aparecen al frente son, de izquierda a derecha, el Rey Cristiano, el Sabario y el Rey Moro. Esta configuración es la imagen clásica de las Santiaguerías en San Bartolo Cuautlalpan, con la columna de los Cristianos a la derecha, la de los Moros a la izquierda (desde la perspectiva de la Santiaguería) y al centro, el Sabario.

Veamos los atributos de cada personaje:

  • El Rey Cristiano es el que porta el estandarte, que tradicionalmente es de color rojo, en satín o terciopelo, y lleva un monograma de la Virgen María; una diferencia importante con otras danzas de Santiagueros es el tamaño del estandarte. En este caso observamos dos estandartes, uno portado por el primer danzante y el segundo por el que se encuentra detrás de él. En ese año, esta Santiaguería presentó dos formaciones diferentes, es decir, se presentaron unos danzantes el día domingo en la plaza y otros, de la misma Santiaguería, el lunes, en el atrio de la iglesia. En otras ocasiones es probable que se observen dos estandartes en una Santiaguería puesto que algunas compañías dan uno al Embajador Cristiano (el segundo en la fila de los Cristianos), pero esta situación no es común.
  • El Rey Moro utiliza una corona, cetro y una estola que puede ser de piel de conejo; además de un cinturón con tiras, siendo el único personaje en utilizar este accesorio. Un atuendo similar era utilizado en, al menos, una danza de Santiagueros de la Ciudad de México, aunque utilizaban una barba postiza. De acuerdo con algunos informantes, es probable que en San Bartolo Cuautlalpan también se utilizara la barba, pero es una costumbre en desuso desde hace varias décadas.
  • El Sabario utiliza un aditamento que llama la atención de inmediato, un morrión con rejilla que cubre el rostro y está adornado con plumas de avestruz. Usualmente va entre las columnas mientras se danza, pero se coloca detrás del Rey Moro cuando se acompaña una procesión o se llevan regalos a la iglesia, ya que ambas columnas flanquean a la imagen o a las personas con los objetos.

Los personajes fueron representados por los señores Juan Ramírez (Rey Cristiano), Armando Casasola (Sabario) y Brígido Casasola (Rey Moro).

“Santiaguería del sr. Eugenio Ramírez”, enero de 1979. La imagen es propiedad del Centro de Documentación de Danzas de Moros y Cristianos San Bartolo Cuautlalpan. Todos los Derechos Reservados. La imagen puede utilizarse citando la referencia completa.

Notas:

  1. Warman realiza una clasificación de las danzas en su libro Las danzas de Moros y Cristianos, que incluye, además de las que acabamos de mencionar: el Ciclo de la Conquista, los Espectáculos de masas, las Danzas de concheros y Derivaciones coreográficas varias. WARMAN, pp. 141-154.
  2. WARMAN, pp. 141-142.
  3. CASASOLA, pp. 61-62

Información:

  • CASASOLA GÓMEZ, Armando Iván, Los Santiagueros. Las Danzas de Moros y Cristianos en San Bartolo Cuautlalpan, Estado de México, Tesis para optar por el grado de maestro en Historia, Universidad Iberoamericana Ciudad de México, México, 2017.
  • WARMAN, Arturo, Las danzas de Moros y Cristianos, Colección SepSetentas, No. 42, Secretaria de Educación Pública, México, 1972.

Arte Mexicano. Danzas y bailes populares.

En esta entrega de nuestros #LunesDeLibro, vamos a presentar una obra general en la que se incluye una muy amplia e interesante revisión de las Danzas de Moros y Cristianos y otras relacionadas.

Este libro es el tomo VI de una colección titulada Historia general del arte mexicano, publicada por la editorial Hermes en 1976. La primera edición fue impresa en España y constó de seis tomos: 1. Arte prehispánico, 2. Arte colonial, 3. Arte moderno y contemporáneo, 4. Etno-artesanías y arte popular, 5. Indumentaria tradicional indígena y 6. Danzas y bailes populares. Se publicaron nuevamente en 1981 como parte de la colección Quetzal, en formato pequeño y con pasta blanda, que constó de 12 volúmenes puesto que cada tema se dividió en dos tomos, en este caso se trata de los volúmenes 11 y 12. No se cuenta con información sobre el tiraje, pero debió ser elevado considerando las dos ediciones publicadas y a que este material es relativamente sencillo de localizar; se encuentra disponible en varias plataformas de venta en línea con precios que varían desde $500 MXN en la edición Quetzal y $900 MXN hasta los $366 USD para la primera edición, más envío.

Antes de continuar con el libro, vale la pena poner en contexto la imagen que acompaña a la portada. Este espacio suele estar reservado en nuestra página para la fotografía de las y los autores de los libros que revisamos, aunque en ocasiones resulta muy complicado localizar dicha imagen. En esta ocasión se trata del co-autor, que en su juventud fue nadador de alto nivel participando en diferentes competencias internacionales. En la imagen lo vemos al lado del nadador brasileño Tetsuo Okamoto, durante los Juegos Panamericanos de Buenos Aires, 1951. A pesar del alto perfil del autor, como podrá comprobar al revisar la pequeña biografía al final de este artículo, resulta complicado localizar una fotografía suya.

Este libro es sumamente ilustrativo ya que el texto está acompañado de 253 fotografías en blanco y negro, 31 a todo color, tomadas por el propio Tonatiuh Gutiérrez, además de 20 dibujos a pluma, elaborados por el importante artista Alberto Beltrán.

Como lo mencionamos anteriormente, esta es una obra de carácter general que abarca todo tipo de danzas y bailes, pero cuenta con un muy interesante capítulo dedicado exclusivamente al tema de las Danzas de Moros y Cristianos, así como a aquellas que se consideran derivadas de la misma. El título formal del capítulo es “Danzas relacionadas con el ciclo de Moros y Cristianos”, muy al estilo de Arturo Warman; entre éstas encontramos las siguientes:

  • Danzas de Moros y Cristianos
  • Danza de los Jardineros
  • Danza de los Pichilingues y Cristianos
  • Danza de Moros entre los Coras
  • Danza de Santiagos (que incluye varios tipos)

El tema abarca otros tipos de danza, relacionadas principalmente a las Danzas de la Conquista y “Danzas que conservan el simulacro de combate”. No las enumeramos aquí puesto que, para nuestros propósitos, se alejan mucho del tema que nos ocupa.

El capítulo inicia con la obligada revisión histórica de estas danzas, citando principalmente a Warman. La influencia de esta obra es muy evidente, podría pensarse incluso que fue la única referencia para esta parte del libro, o al menos la principal. La división de las variantes, los ciclos, e incluso las menciones a las quema de los castillos (que terminaría convirtiéndose en nuestros castillos de fuegos artificiales), son mencionados.

Uno de los puntos más interesantes de este texto es que, para cada uno de los tipos de danza, mencionan al menos un ejemplo de comunidad donde se practica y una descripción breve del vestuario de cada bando, además de describir la danza. Entre estas descripciones, nos llama mucho la atención que es de las pocas obras que hacen mención a la Danza de los Chareos. Esta danza, al parecer exclusiva de la zona de Oaxaca, es descrita en otros libros pero en ocasiones no se le menciona por su nombre original1.

Sin duda alguna este es un muy buen libro para introducirse al tema de las Danzas de Moros y Cristianos, sin mencionar que es muy accesible. A pesar de que cita abundante contenido del libro de Warman, que finalmente es uno de los pilares básicos para los investigadores, termina por ser una muy buena opción ya que el abundante material gráfico lo vuelve muy atractivo. En contraste, el texto de Warman cuenta únicamente con 9 fotografías en blanco y negro, aunque no debemos olvidar que se enfoca únicamente en las Danzas de Moros y Cristianos y que la edición es rústica, a diferencia del libro que hoy reseñamos.

Notas:

  1. En la reseña del libro Danzas de Moros y Cristianos, de J. Jesús Rodríguez Aceves, se menciona esta danza en la comunidad de Santiago Juxtlahuaca, pero no se le llama Chareos. En el caso de este libro, describen la danza que se realiza en Pinotepa de Don Luis.

Sobre los autores

Tonatiuh Gutiérrez Olguín, nació en la Ciudad de México el 20 de noviembre de 1920. Fue hijo de un importante funcionario de gobierno durante el gobierno de Lázaro Cárdenas. Atleta de alto nivel, participó en los Juegos Olímpicos de Londres 1948 y de Helsinki 1952, en la disciplina de natación, así como en otras competencias internacionales como los Juegos Panamericanos (Buenos Aires, 1951) y los Juegos Centroamericanos y del Caribe (México, 1954), además de ser entrenador para los Juegos Olímpicos de Tokio (1964) . Se tituló como Licenciado en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México en 1966, para integrarse como profesor y trabajar en el ámbito de la administración pública como director de exposiciones del Consejo Nacional de Turismo y posteriormente en el Banco de Fomento Cooperativo, desde donde fundó Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (1973), organismo que presidió desde su creación hasta 1976. Publicó numerosos libros, entre los que se incluyen Ensayo sobre los recursos naturales renovables en el desarrollo económico de México. (1962) e Imagen de América (1966). Falleció en la Ciudad de México en marzo del año 2000.

Electra López Mompradé (posteriormente de Gutiérrez), es hija de exiliados de la Guerra Civil Española. Experta en danza y atuendo precolombino y en historia y cultura mexicana. Coautora de numerosos libros sobre arte e historia de México como Visión europea del Templo Mayor de Tenochtitlán : iconografía siglos XVI, XVII, XVIII y XIX (1982) y México mágico (1974). Junto con su esposo se unieron al grupo PopulArt, promotores de la fundación del Museo de Arte Popular. Cuenta con un Texto Fundamental publicado en el sitio de Amigos del Museo de Arte Popular (puedes consultarlo AQUÍ). Tras la muerte de su marido recibió un premio póstumo y posteriormente viajó para residir en España.

Bibliografía

MOMPRADÉ, Electra L., GUTIÉRREZ, Olguín, BELTRAN, Alberto (dibujos). Danzas y bailes populares, Historia general del arte mexicano, Tomo VI, Editorial Hermes S.A. de C.V., Barcelona, 1976, pp. 239.

Información de las biografías

Danzas de Moros y Cristianos.

En este nuevo #LunesDeLibro vamos a hablar de un texto que aborda la Danza de Moros y Cristianos en Jalisco y Zacatecas, México, con una variante muy interesante: los Tastuanes.

Portada Danzas de Moros y Cristianos

Este breve texto es muy interesante y raro. Es un libro de difícil consulta ya que se encuentra en pocas bibliotecas, en mi caso fue necesario solicitarlo a través de un préstamo interbibliotecario entre la Universidad Iberoamericana Ciudad de México y el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente. Su adquisición es igualmente complicada, hace unos meses apareció un ejemplar a la venta en una librería de Estados Unidos con un costo de $57 USD (incluyendo el envío) y recientemente hubo uno en $250 MXN en un sitio de ventas por Internet; el rango de precios para compra, si se localiza un ejemplar, fluctuaría entre ambos extremos considerando que en caso de conseguirlo en el extranjero, el precio será más alto. Fue publicado por el Gobierno del Estado de Jalisco en 1988 y tuvo un tiraje de 1,000 ejemplares.

Igualmente enigmático es el autor del mismo ya que la información disponible sobre él es prácticamente nula. Me parece relevante que, a pesar de ser un material sumamente citado para la historia tanto de la danza de Moros y Cristianos, de los Tastuanes, de Moyahua (centro del análisis del texto y lugar de nacimiento del autor) e incluso de Jalisco, no se tengan más datos. Para ejemplificar mejor el caso considérese lo siguiente: en la página final del texto, el autor platica con un conocido sobre la persona que representa un personaje de la fiesta, se menciona que “hace varios años que la ‘vieja’ es Nito el tonto del pueblo”1; pues bien, en el sitio web moyahua.com, en el apartado de historia de la comunidad se registra que “el 12 de mayo de 1994, muere Juan García ‘Nito’, alegría del pueblo de Moyahua”2. Por supuesto, se menciona el texto que aquí nos ocupa como referencia sin mayor información al respecto.

Antes de comenzar, es importante mencionar que si bien el título da la impresión de que se trata de una obra general al estilo del texto de Arturo Warman, Las Danzas de Moros y Cristianos, en realidad está enfocada a la Danza de los Tastuanes, que se considera una de las variantes de los Moros y Cristianos. Tastuan, de acuerdo con el autor, es una deformación de “Tlatoani”, palabra náhuatl que significa “El que habla” y era el título que ostentaban los gobernantes mexicas. En este sentido, los Tastuanes representan la lucha entre el Apóstol Santiago y los indígenas rebeldes, especialmente durante la Guerra del Mixton, por lo que esta variante de la danza tiene una fuerte presencia en lo que fuera el Reino de la Nueva Galicia. Para ilustrar la danza, se incluyen cuatro imágenes impresas en blanco y negro.

El libro está dividido en 6 capítulos que comienzan con el origen de la Danza de Moros y Cristianos, realizando un breve recorrido que parece obligado en los libros que hablan de nuestro tema: Las fiestas en España y su llegada a México, por medio de la figura del apóstol Santiago y sus apariciones. Alcoy, Oaxaca, la Sierra de Puebla, Chiapas y Veracruz son algunas de las poblaciones que se recorren en este viaje. Los siguientes dos capítulos se adentran en la materia principal del libro, la danza de los Tastuanes desde su origen y su representación en otras comunidades cercanas para terminar en Moyahua, Zacatecas. Es en estos dos capítulos donde comenzamos a notar la relación entre el autor y esta comunidad, ya que incluso anota que la gente de otras comunidades prefiere visitar la fiesta de Moyahua ya que en ella, la danza se realiza con “solemnidad y espectacularidad”.

El tercer capítulo, “Tastuanes en Moyahua”, requiere un comentario más detallado ya que es en el que se da el cambio en el libro para adentrarse en la experiencia personal del autor. Inicia con la historia de la comunidad y una muy interesante narración sobre como el Santiago Matamoros se impone al Santiago Peregrino, que finalmente terminó abandonado en un rincón de la parroquia. Al comenzar a hablar de la fiesta es que las memorias del autor toman el protagonismo, sus recuerdos de lugares y el regreso a la comunidad dan la pauta para la escritura. Los Motivos y el Epílogo son diálogos y experiencias del autor con las personas de la comunidad, un acercamiento muy personal a la fiesta y la participación en la danza.

El último capítulo, “Comentarios”, es sumamente interesante ya que el autor establece un diálogo con las obras que han abarcado al pueblo y sus danzas en diferentes momentos. Los comentarios críticos que realiza a cada uno de los textos son importantes ya que hace correcciones y anotaciones sobre lo que ha leído, además de hacer una afirmación que me parece muy fuerte: ” todos los que han escrito sobre los Tastuanes en la Nueva Galicia se han concretado en reproducir parcial o totalmente la narración de (Alberto) Santoscoy”3, la primera que se realizó. Es también este capítulo en el que el libro termina por ser absorbido por el lado sentimental del autor: la nostalgia por la fiesta que observó de joven y la pérdida de sus elementos tradicionales.

Me parece importante mencionar que hay algunos elementos que llaman mi atención; por un lado el autor hace constantes referencias y críticas a la obra de Arturo Warman, pero lo llama “Warren” en diferentes ocasiones. Me parece que tampoco se realiza un adecuado manejo del aparato crítico, ya que existen al menos dos materiales que se citan en el texto pero no se mencionan en la bibliografía, sólo se hace una breve mención a pie de página pero sí menciona que una de sus fuentes “no dice en que se funda para decirlo”4. Aun cuando no tenemos más información sobre la formación académica del autor, el último capítulo da muestra de un buen manejo de las fuentes y una investigación amplia y apropiada para la redacción del libro.

Notas:

  1. p. 115.
  2. _____, Datos e historia de Moyahua, recuperado de http://www.moyahua.com/historia/datosehistoriademoyahua.asp (03 de agosto de 2020).
  3. p. 91.
  4. p. 57.

Sobre el autor

J. Jesús Rodríguez Aceves, como el mismo menciona en el texto, vivió su infancia en Moyahua. Es probable que haya nacido en esa comunidad entre 1920 y 1930. De acuerdo con un edicto del año 2009, su nombre completo sería José Jesús Rodríguez Aceves y pudo haber muerto en 2014. No se encontraron registros ni fotografías con información más precisa.

Bibliografía

RODRÍGUEZ ACEVES, J., Jesús. Danzas de Moros y Cristianos, Gobierno del Estado de Jalisco, Colección: Historia, Serie Documentos e investigación, No. 20. Guadalajara, 1988. pp. 118.

Información de la biografía: