¡Estamos de fiesta! ¡San Bartolomé Apóstol!

En San Bartolo Cuautlalpan, ¡estamos de fiesta! El 24 de agosto conmemoramos la festividad de San Bartolomé Apóstol, patrón de nuestra comunidad y este fin de semana nuestro pueblo se engalana con su fiesta.

Fotografía cortesía de Claudia Soto.

Si bien la pandemia nos obliga a celebrar, una vez más, de forma diferente, la fe y la devoción están presentes.

¡VIVA SAN BARTOLOMÉ APÓSTOL!

8 de diciembre: La Inmaculada Concepción de María

Este 8 de diciembre se celebra el dogma sobre la Inmaculada Concepción de María. Fue establecido por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854 en la bula Ineffabilis Deus , siendo desde entonces una de las principales celebraciones dentro de la tradición católica.

Celebramos esta festividad compartiendo un detalle de la fotografía más antigua de la imagen de la Purísima Concepción que se venera en nuestra comunidad sede, San Bartolo Cuautlalpan, Estado de México. La fotografía es de la primera mitad del siglo XX y perteneció al Sr. Brígido Casasola Pineda, quien la presentaba en la iglesia durante la fiesta patronal en enero.

Para saber más sobre esta festividad, visita nuestra entrada del año pasado AQUÍ.

Foto de la Semana: Comparsa de Alchileos

En esta ocasión nuestra #FotoDeLaSemana llega por cortesía de Fundación Ajaraca, asociación civil encargada de la custodia del amplio acervo fotográfico de la Dra. Ruth D. Lechuga. Puedes visitar esta y otras imágenes en su sitio web (https://fundacionajaraca.org), además de apoyarlos en la conservación y difusión de este maravilloso registro documental.

Ruth D. Lechuga. San Francisco Mazapa, Estado de México, 1989, No. de inventario ARL_N05070_MEX, Original plata-gelatina, 6 x 6 cm.
D.R. ® Acervo Fotográfico Ruth D. Lechuga / Fundación Ajaraca A.C.

En la imagen podemos observar a integrantes de una comparsa de Alchileos en San Francisco Mazapa, Estado de México, comunidad aledaña a la zona arqueológica de Teotihuacán. El detalle más llamativo es la peculiar máscara que utilizan los Alchileos, personajes de los que toma nombre la danza, hecha con fieltro moldeado y pintado, unida a una zalea de borrego1 teñida de rojo, naranja o amarillo. Esta sirve de melena y barba al mismo tiempo, de tal forma que el conjunto se convierte en una especie de casco2 que cubre completamente la cabeza del danzante.

El resto del vestuario se compone de una pechera de tela verde y roja, adornada con cintas de fleco, una calzonera bombacha roja sujeta a las rodillas y una gruesa casaca de los mismo colores3. El personaje de la extrema derecha sostiene una bandera; de acuerdo con Julia Martínez de la Rosa, cronista de San Martín de las Pirámides, uno de los danzantes del bando hereje es llamado “Abanderado”, es probable que se trate de este4.

Hay un detalle más que puede pasar desapercibido si no se observa cuidadosamente la imagen. Observe al segundo personaje de izquierda a a derecha, justo debajo del fleco de la pechera puede observarse una especie de campanilla. Los Alchileos portan un manojo de cascabeles llamados coyoles (derivado del náhuatl) que suenan al ritmo del baile de los danzantes, simulando los golpes de las espadas durante una batalla5, acompañados de la música de la flauta y el tambor.

Además de los Alchileos, los personajes más numerosos (alrededor de 25), la danza incluye a Pilatos y al Capitán Savario como parte de los herejes. Por los Cristianos se encuentra Santiago, que porta una máscara hecha de metal y lleva un caballito en la cintura, acompañado de sus dos ayudantes, los gallines, interpretados por niños. La representación narra la conquista de Jerusalén por parte de Santiago y los Cristianos, mientras Pilatos y Savario dirigen la defensa al mando de los Alchileos, que representan a los judíos6.

La danza de los Alchileos es una de las más documentadas de entre las que integran el repertorio de Moros y Cristianos en nuestro país, probablemente su cercanía con una zona tan importante como lo es Teotihuacán, contribuyó a este hecho. Manuel Gamio realizó un amplio e importante registro documental en el libro La población del Valle de Teotihuacán incluyendo fotografías e ilustraciones, descripciones de la danza y el vestuario, una breve recopilación de los diálogos (que se siguen realizando en náhuatl) y un acta fechada en 1911 donde vecinos de la comunidad de San Francisco Mazapa, se comprometen a sacar la danza de los Hachileos Españoles en un acta ante el juzgado auxiliar de la comunidad, lo que nos habla de la importancia del acto7.

El nombre de la danza ha sido objeto de varias interpretaciones. Alchareo o Archareo es un personaje usual en las danzas de Moros y Cristianos, incluso uno de los personajes principales de esta danza se llama Alchileo Mayor. La versión más difundida, sin que sea un antecedente directo, es la conformación de un cuerpo militar español en 1946, “los archareos de la cuchilla”, llamados así por utilizar el archa; sin embargo, de acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española8, archa deriva de archeros. Otra versión indica que puede provenir del latín arqueros o del inglés archer9. En todo caso, Alchileo sería una deformación del término.

Los grupos más antiguos de Alchileos están en dos comunidades: San Francisco Mazapa y San Martín de las Pirámides. En San Francisco Mazapa se baila el 4 de octubre (San Francisco de Asís), el 3 de noviembre (San Martín de Porres) y en la celebración de Pentecostés (finales de mayo o principios de junio). En San Martín de las Pirámides el 11 de noviembre (San Martín de Tours) y el 8 de mayo (Ecce Homo). Además acompañan las fiestas patronales en San Sebastián Xolalpa, Santa María Coatlán, San Antonio de las Palmas, Santiago Tolman, San Pablo Ixquitlán y Santiago Tepetitlán1,además de apoyar en la recuperación de la danza en Santa María Palapa, todas comunidades vecinas.

La danza de los Alchileos es exclusiva de la región de Teotihuacán y mantiene una vitalidad importante. Algunos autores lo relacionan, quizá a partir del nombre, con la danza de los Archareos de Guerrero y de los Chareos de Oaxaca, sin embargo no hay elementos comunes entre ellas ; la indumentaria y los diálogos la convierten en una celebración diferente y especial, parte importante de nuestras representaciones de Moros y Cristianos.

NOTAS

  1. LECHUGA, Ruth, “La danza y las máscaras”, en Boletín Biblioteca Juan Comas, No. 33 “Máscaras (Segunda parte), Septiembre-Octubre 1999, Instituto de Investigaciones Antropológicas- UNAM, México, 1999, p. 26.
  2. POMAR, Ma. Teresa, Danza-máscara y rito-ceremonia, FONART-FONAPAS, México, 1982, p. 21.
  3. TOVAR, Leticia, SANTOS, José Luis, “La danza de los Archareos”, en México Desconocido, No. 111, Mayo 1986, pp. 52-54.
  4. MARTÍNEZ DE LA ROSA, Julia, San Martín de las Pirámidez. Danza de los alchileos. Diálogos en lengua náhutal. Danza de los moros y cristianos, 2da edición, Asociación mexiquense de cronistas municipales-Gobierno del Estado de México, San Martín de las Pirámides, 2017. p. 25.
  5. Recuperado de la página de Facebook Danza de Alchileos – San Francisco Mazapa https://www.facebook.com/DanzaAlchileosOficial/posts/2394364314113525
  6. GAMIO, Manuel, La población del Valle de Teotihuacán, Tomo II, Dirección de Antropología, México, 1922. p. 236. Aún cuando no se trata de Moros como tal, Warman nos dice que este término termina por ser genérico para referirse a los enemigos de los Cristianos y puede incluir tanto a los judíos como a los romanos. WARMAN, Arturo. La danza de Moros y Cristianos, Secretaría de Educación Pública, SEP-Setenta #46, México, 1972. pp. 141-142
  7. GAMIO, op cit, p. 217.
  8. Arma ofensiva que usaban los archeros de Castilla, compuesta de una cuchilla larga fija en la extremidad de un asta. https://dle.rae.es/archa . Según el diccionario de autoridades de 1726, el archa es el arma del Archéro.
  9. MOYA RUBIO, Victor José, Máscaras. La otra cara de México, 2da edición, 1982UNAM, México, p. 64-70.

Bibliografía

  • MOMPRADÉ, Electra L. GUTIÉRREZ, Tonatiuh, Historia general del arte mexicano. Bailes y danzas populares, Hermes, España, 1976, p. 137.
  • PARRA DE GARCÍA SAINZ, Georgina, ROMANDÍA DE CANTÚ, Graciela, En el mundo de la máscara, Fomento Cultural Banamex, 2da edición, México, 1979. pp. 47-48.
  • OGAZÓN, Estela, Máscaras. Museo universitario de ciencias y arte, Centro de Investigación y servicios museológicos-UNAM, p. 19-20.
  • DEL CAMPO LANZ, Sofía, Máscaras mexicanas. Simbolismo velados, INAH, México, 2015, p. 248.
  • LECHUGA, Ruth, Máscaras tradicionales de México, BANOBRAS, México, 1991. pp. 56-58.

AGRADECIMIENTO

Agradecemos a Fundación Ajaraca A.C. y a Brenda Chávez Molotla, Directora Ejecutiva, por su apoyo y colaboración.

Máscaras tradicionales de México.

En este #LunesDeLibro vamos a revisar un texto muy importante para el estudio de las máscaras en nuestro país y, a partir del mismo, conoceremos un poco más de las máscaras que se utilizan en las danzas de Moros y Cristianos, todo ello de la mano de la Dra. Ruth D. Lechuga.

Portada Máscaras Tradicionales de México
Ruth D. Lechuga, San Antonio el Doctor, Querétaro, 1977, No. de inventario ARL_N16589_QRO, Original plata-gelatina, 6 x 6 cm., D.R. ® Acervo Fotográfico Ruth D. Lechuga / Fundación Ajaraca A.C.

No es posible hablar sobre las máscaras mexicanas sin mencionar a la doctora Ruth Deutsch Lechuga, coleccionista y pionera en la investigación del arte popular, así como en la documentación de diferentes aspectos de la vida cotidiana de las comunidades, a través de las imágenes que capturó durante sus viajes por varios rincones de nuestro país. Su vasto acervo fotográfico se encuentra bajo custodia de Fundación Ajaraca (https://www.fundacionajaraca.org/) y es un testimonio de manifestaciones sociales y culturales, algunas ya desaparecidas, el cual nos permite conocer un poco más acerca de los pueblos y de su gente.

Antes de comenzar, hablemos brevemente sobre la fotografía que ilustra esta reseña, cortesía de Fundación Ajaraca. En ella podemos observar a la Dra. Lechuga rodeada de personajes enmascarados en San Antonio El Doctor, en el estado de Querétaro. De acuerdo con la información publicada en una fotografía de la misma serie, disponible en el sitio web de la fundación, estos personajes representan a diablos y acompañan las procesiones de Semana Santa. Puede visitar esta imagen dando clic aquí.*

Máscaras tradicionales de México cuenta con una edición y fue publicado por el Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos (BANOBRAS) en 1991, con un tiraje de 2000 ejemplares. La presentación de la obra está a cargo del Dr. Enrique Álvarez del Castillo, director de la institución entre 1991 y 1993, donde manifiesta el interés del banco en difundir y rescatar la cultura del país. Este texto se puede consultar con relativa facilidad en bibliotecas, aunque para conseguir un ejemplar es necesario recurrir al mercado secundario. En Internet puede encontrarse con precios entre los 60 USD y 180 USD más envío; también puede buscarse en librerías de ocasión y especializadas con precios similares, alrededor de $1,300 MXN.

Dentro de las diferentes categorías del arte popular, las máscaras ocupan un lugar destacado ya que no se limitan al objeto en sí mismo, sino que trascienden a partir de su uso en danzas, fiestas y carnavales. La importancia de la máscara queda manifiesta desde la introducción, donde la autora nos menciona que “Cuando el individuo deja a un lado sus máscaras personales, para actuar como exponente de las manifestaciones culturales de la sociedad, la máscara se convierte en revelación de la esencia del grupo que representa. En este momento deja de ser expresión facial individual y se recurre a la careta elaborada especialmente para cada ocasión.1, es decir, las máscaras se vuelven la faceta representativa de las tradiciones.

El libro abarca en cuatro capítulos los aspectos más notables para conocer la relevancia e historia de las máscaras en México. El capítulo 1, Las máscaras desde tiempos prehispánicos, es corto y nos muestra la transición entre el origen y el uso de las máscaras entre las culturas originarias y los primeros años del periodo colonial. Es aquí, en un momento tan temprano del texto donde queda asentada la importante relación entre la máscara y la danza, al señalar que “Durante las ceremonias religiosas y también en algunas ocasiones festivas se ejecutaban numerosas danzas. En todas ellas se hizo amplio uso de máscaras que representaban toda clase de animales, personas de otras tierras, viejos y muchos más2. A partir de la conquista de Tenochtitlan, el periodo colonial se recorre en unos pocos párrafos, pero nos detenemos en dos puntos clave para nuestro análisis: la mención de la danza de los Moros y Cristianos, como parte de los festejos realizados por los españoles y su rápida difusión y adaptación por parte de los indígenas; y la imagen que representa a un Moro en una parte del “Biombo del palo volador”, exhibido en el Museo de América, en Madrid, España.

El capítulo 2 es el más amplio, no es sorprendente ya que en él se habla de La máscara en el México contemporáneo. Aquí se presentan las máscaras utilizadas en las diferentes danzas y representaciones que la autora pudo ver y documentar directamente. Para abordar un panorama tan amplio, el capítulo se presenta a partir de ejes temáticos: danzas de los viejos, de animales, el tigre (la cual recibe un apartado especial), de homenaje y catequizantes, ciclo agrícola, por mencionar algunas, además de las “Danzas de moros y cristianos y sus derivados” siendo el contenido donde pondremos particular atención.

A partir de la descripción de las danzas de este tipo, la autora propone catalogarlas como el ciclo de infieles y cristianos3, debido a la variedad de temas englobadas dentro de los “Moros y Cristianos”, donde la categoría de “Moros” queda rebasada al incluir a los enemigos representados por indios, judíos, diablos, etc., siendo la conclusión en todas ellas la misma: la conversión y bautizo de los infieles y el triunfo de los Cristianos.

A continuación la autora hace referencia a distintas danzas y sus principales características, además de señalar que el nombre con el cual se conocen usualmente tiene relación con algún aspecto determinado de cada una de ellas, surgiendo así los Moros Cabezones, los Santiagueros, los Chareos, Pilatos, Archareos, Alchileos, Medias Lunas, Santiagos, además de los Doce Pares de Francia, entre otros. Si bien las danzas de Moros y Cristianos están ampliamente difundidas en todo el territorio nacional, el texto pone especial énfasis en comunidades ubicadas en Chiapas, Guerrero, Puebla, el Estado de México, Oaxaca, Jalisco y un par de menciones puntuales a Colima, la zona del Bajío y Veracruz.

Al avanzar en la lectura, es posible identificar el uso de varias categorías que nos remiten a la clasificación de danzas propuesta por Arturo Warman en su texto La danza de Moros y Cristianos (SepSetentas, 1972)4, aunque no se menciona explícitamente: espectáculos de masas, ciclo de moros y cristianos, ciclo carolingio5, danzas de conquista, tastoanes y danza de concheros.

Nos parece oportuno señalar una situación ya comentada en nuestra introducción al estudio de las máscaras en las danzas de Moros y Cristianos y que la autora señala expresamente: no en todas estas representaciones se utilizan máscaras. En este sentido habla del caso de las Morismas en Zacatecas y algunas danzas donde muchos cristianos no portan máscaras, o utilizan yelmos, o Santiago suele representarse con el rostro descubierto. Sin lugar a dudas, es necesario mencionarlas aunque no abunda en ellas, toda vez que el tema del libro son las máscaras.

El capítulo 3, trata de los personajes fundamentales para las máscaras, sus creadores. El mascarero y su trabajo nos presenta nombres y testimonios de varios artesanos con los que la Dra. Lechuga tuvo contacto , además de las diversas técnicas y materiales: madera de copal, copalillo y clavelino, entre otras; cuero, cera, papel, cartón y hasta metal son los materiales transformados en las hábiles manos de los mascareros. Su importante labor contrasta con las necesidades cotidianas, donde muchos de ellos deben alternar esta actividad con las labores del campo o sus empleos en las ciudades aunque, poco a poco, la mayor demanda de máscaras por parte de coleccionistas y otros mercados ha permitido que algunos artesanos se dediquen de tiempo completo a su elaboración aunque ello implique la creación de piezas meramente decorativas sin descuidar la producción de máscaras tradicionales para cubrir la demanda local.

De este capítulo llama nuestra atención la mención del rostro pesado que se utiliza en la danza de los Alchareos, en San Martín de las Pirámides, Estado de México. Este objeto se elabora con aluminio y fierro, con un peso cercano a los 5 Kg. En contraste, se tiene el rostro liviano, elaborado en fibra de vidrio y con un peso mucho menor, que se utiliza cuando la danza tendrá una duración larga6. Este cambio en los materiales, de usar fibra de vidrio en lugar de madera, es una muestra de la convivencia entre la tradición y la modernidad.

El rostro de la máscara es el último capítulo del libro, donde se habla de las características y las funciones de la máscara. En este sentido, la autora retoma una de las ideas iniciales del texto “La máscara, como objeto separado de su función, puede ser una obra de arte, una escultura de gran mérito estético. Sin embargo, se trataría de un arte estático, desconectado de su propósito real. Por otro lado, como parte de la indumentaria y en el contexto de la danza, la máscara, aun sin movilidad facial propia, adquiere expresiones diferentes, de acuerdo con los movimientos de su portador7. Y a partir de esta idea nos expone diferentes tipos: con detalles, sencillas, muy elaboradas, totales, parciales, más grandes que el mismo rostro del portador o incluso, más pequeñas. El cierre del libro es la parte más profunda de todo el texto porque nos adentra en las funciones que las máscaras pueden tener y que pueden abordarse desde diferentes disciplinas y a partir de la experiencia de los danzantes, compartidas en este apartado, por lo que el texto refleja la conexión que tuvo la Dra. Lechuga con las personas que conoció.

Un ejemplo sobre las diferentes funciones de las máscaras, más allá de su uso en las danzas, lo encontramos en el caballito utilizado en la danza de los Santiagueros de Cuetzalan, Puebla. Según Donald Cordry, es un objeto con un matiz sagrado al que se le debe proporcionar agua y maíz mientras se encuentra en custodia del danzante que interpreta a Santiago a fin de evitar su escape del pueblo8.

Si bien el texto se encuentra repleto de narraciones y anécdotas contadas a la autora o vistas por ella misma, es en este capítulo donde se hace un análisis formal y se retoman varios elementos comentados en las páginas anteriores, permitiendo que el viaje hecho desde los antecedentes y uso de las máscaras en el mundo prehispánico hasta la década de 1980, tenga una conclusión y nos permita visualizar nuestras máscaras y danzas con otros ojos. A pesar de la distancia temporal entre la publicación del libro y nuestros días, el texto continúa vigente y es una referencia importante para un estudio sobre este tema, porque como la autora dice al finalizar, estamos hablando de una cultura viva, no se detiene y cambia conforme las necesidades, las creencias y los medios disponibles lo permiten.

El libro está profusamente ilustrado, con 123 imágenes a color y en blanco y negro, abarcando la amplia variedad de temas que hemos revisado. Entre estas fotografías se incluyen: 1 es una máscara de Tastoanes, 2 del Carnaval de Huejotzingo y 8 relacionadas directamente con las Danzas de Moros y Cristianos, incluyendo la mostrada en la portada, correspondiente a la danza de Los Doce Pares de Francia de Mexicaltzingo, Estado de México9.

Al hablar de las fotografías, es necesario dedicar un espacio a una persona importante en la concepción de este material, el Sr. Enrique Franco Torrijos, fotógrafo y amigo de la Dra. Lechuga, de quien se incluyen 39 fotografías en el libro, en su mayoría de piezas de colección o de objetos fijos. Además de su aportación gráfica, redactó la semblanza de la autora, misma que aparece en la solapa. Como nota personal, tuvimos ocasión de compartir una visita con el Sr. Franco y las historias y anécdotas que compartió nos permiten entender mejor su colaboración en este texto.

A partir de la revisión del libro, encontramos un par de detalles que nos parece oportuno mencionar. Las referencias de las imágenes 46 y 47 se encuentran invertidas. La imagen 46 se encuentra en la página 59 y corresponde a la danza de los Moros de Texistepec, Veracruz. La imagen 47 se encuentra en la página 60 y corresponde a la danza de los Archareos. Así mismo, el nombre de la comunidad donde se practica esta danza aparece como “San Francisco Mazapan, estado de México”, siendo el correcto “San Francisco Mazapa, Estado de México”. Por otro lado, la referencia de la imagen 2, Pintura rupestre, indica que se encuentra localizada en las Grutas de Juxtlahuaca, Oaxaca. Estas grutas se localizan en la comunidad de Juxtlahuaca, en el estado de Guerrero10.

Tal como se comentó al inicio, este libro es una referencia importante y necesaria para adentrarnos no solo al mundo de las máscaras, sino también al de las danzas. Sin volverse un catálogo o un diario pormenorizado de una u otra, nos da elementos suficientes para entender mejor las manifestaciones culturales de los diferentes pueblos y grupos de nuestro país. La obra está respaldada por una extensa bibliografía, por pláticas y entrevistas con varios personajes sin mencionar que es producto de los viajes, las investigaciones y la invaluable experiencia de la Dra. Ruth D. Lechuga.

NOTAS

  1. Pág. 9.
  2. Pág. 15
  3. Pág. 54.
  4. Puede consultar nuestra reseña de esta obra dando clic aquí.
  5. Para Warman, los Moros y Cristianos propiamente dichos, incluyen al ciclo histórico, al carolingio y al de Santiago.
  6. Pág. 122 y 127.
  7. Pág. 131.
  8. Pág. 146. Si bien este cuidado del caballito, no es exclusivo de Cuetzalan.
  9. Además de aparecer nuevamente en el interior. P. 139.
  10. CABRERA GUERRERO, Martha. Las grutas de Juxtlahuaca. Santuario al dios olmeca del maíz, Gobierno del estado de Guerrero, México, 2017, p. 26. Consultado en línea <Recuperado de https://issuu.com/muva/docs/libro_grutas_final.final&gt;

*Enlace actualizado.

Sobre los autores

Ruth Deutsch Reiss, nació en Austria en 1920. En 1939 su familia llega a México buscando refugio ante la persecución que sufrieron en Europa en los albores de la 2da Guerra Mundial. Estudió Medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México y se naturalizó como mexicana en 1954. En 1949 comenzó a acompañar a su padre en sus viajes por el país, recorriendo comunidades apartadas y conociendo su cultura y artesanías, de ahí nace su pasión por el arte popular. Contrajo matrimonio con el Dr. Carlos Lechuga Vergara, con lo que comenzó a ser conocida como Ruth D. Lechuga. Fue directora del Museo de Arte e Industrias Populares, asesora técnica del Fondo Nacional para las Artesanías y secretaria para los países latinoamericanos den el Consejo Mundial de la Artesanía, de la UNESCO. Autora de El traje indígena de México y La indumentaria indígena, entre otros, además de varios artículos. Falleció en su casa de la Ciudad de México el 19 de septiembre de 2004.

Enrique Franco Torrijos, nació en la Ciudad de México en 1930. Fotógrafo. Realizó estudios de Antropología Maya en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Ha escrito y participado en numerosos libros, entre ellos El Insólito Paisaje Mexicano, Kohunlich, una ciudad Maya del Clásico Temprano e Islas, silentes centinelas de los mares mexicanos. Actualmente es Socio Director en Franco Torrijos y Asoc. Editores.

Bibliografía

DEUTSCH LECHUGA, Ruth, Máscaras tradicionales de México, Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos, México, 1991. pp. 157.

Información de las fotografías

Fotografía de la Dra. Ruth D. Lechuga, cortesía de Fundación Ajaraca A.C. Agradecemos a Fundación Ajaraca y a su Directora Ejecutiva, Brenda Chávez Molotla, su apoyo.

Información de las biografías.

  • Subasta de fotografía, jueves 9 de noviembre del 2017, Catálogo, Morton Subastas, México, 2017, p.22.
  • Perfil de Enrique Franco Torrijos en LinkedIn. https://www.linkedin.com/in/enrique-franco-torrijos-b529a070/
  • FRANCO TORRIJOS, Enrique, Semblanza de la Dra. Ruth D. Lechuga, en DEUTSCH LECHUGA, Ruth, Máscaras tradicionales de México, Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos, México, 1991.

Agradecimientos especiales

  • María del Rosario Trejo Quintero
  • Karen Elizabeth Casasola Gómez
  • María Raquel Gómez Tello

Las Máscaras en las Danzas de Moros y Cristianos.

Hablar de máscaras es introducirnos en un tema sumamente complejo e interesante. Desde la psicología, pasando por el arte y el arte popular (¿podemos separarlos?) hasta la antropología y el coleccionismo, es un tema que ha atrapado a especialistas y principiantes que se sienten atraídos por el encanto y misticismo de esos rostros, los otros rostros que permiten al portador convertirse en un ser diferente a sí mismo.

Nuestro país tiene una muy rica y diversa tradición mascarera. Desde el Suchiate hasta el Bravo encontramos ejemplos representativos de prácticamente cada zona y región, de ahí que sea un tema que da para muchos estudios e intervenciones académicas, sin dejar de lado a la gran variedad de artesanos, danzantes y portadores que les dan vida y las mantienen como un elemento vivo.

Sobre las máscaras se han escrito numerosos libros y artículos, se han presentado diversas exposiciones y hay colecciones muy importantes y conocidas, entre ellas la del Centro de Estudios de Arte Popular Ruth D. Lechuga, la del Museo Rafael Coronel y la Colección Muyaes-Ogazón; podemos mencionar también la del Museo de Arte Popular y la del Museo Nacional de Antropología, que acaba de ser sometida a un proceso de conservación. Si bien no son las únicas, las primeras que mencionamos son las que han gozado de mayor difusión y se caracterizan por lo amplio de sus acervos y la documentación que las acompaña. Es justamente la adecuada documentación lo que permite que una colección sea valiosa más allá de los valores estéticos que le son inherentes a cada pieza; permite que se contextualice, se tengan datos fiables de lugares y épocas precisas que permitan comparar y ampliar la información.

Para el estudio del tema que nos ocupa en este espacio, las Danzas de Moros y Cristianos, se presentan tres problemas importantes al momento de introducirnos al tema de las máscaras: 1) Por un lado, la mayoría de las ocasiones lo general consume a lo particular. Es decir, los libros hablan de las máscaras de México, en decir, de todas. Es en este sentido que la información que requerimos para Moros y Cristianos, ocupa sólo una parte del contenido total del libro. Dependiendo del enfoque de la obra, la información que necesitamos es mayor o menor. Afortunadamente los ejemplos que se suelen incluir suelen ser muy representativos y en ocasiones, espectaculares. 2) La cultura de las máscaras está viva y cambia constantemente. Una máscara que se usa en una danza de Moros y Cristianos podría no ser exclusiva de esta danza, podría venir de otro tipo de danza o al contrario, utilizarse en Moros y Cristianos aunque no sea propiamente de ella. La dificultad aquí radica en que todo podría terminar en ser o usarse en Moros y Cristianos; esto no es necesariamente un problema porque, como dijimos, forma parte de una cultura viva. Sin embargo, sí es posible encontrar rasgos comunes e identitarios a las máscaras que se suelen utilizar en Moros y Cristianos y de esa forma, sin ser demasiado rígidos, crear una clasificación de máscaras de Moros y Cristianos. Finalmente, 3) No todas las danzas de Moros y Cristianos utilizan máscaras. De algunas danzas es inseparable, como el caso de los Alchileos de San Martín de las Pirámides, o los Chilolos de Santiago Juxtlahuaca, pero para el caso de los Santiagueros, tenemos Santiagueros con máscaras y Santiagueros sin máscaras. En este caso, es importante señalar esta distinción y ser consciente de ella al momento de clasificar las danzas.

De acuerdo con la dra. Ruth D. Lechuga, “La función primordial de la máscara en México es la de transformar a su portador en un ser completamente diferente, mitológico o histórico, que se encarna en el curso de una actuación” 1. Menciona también la Dra. Lechuga, el importante impacto psicológico que tiene el uso de estos artefactos tanto para los espectadores como para el portador, ya que por un lado sirve como elemento de cohesión social y educativo al ser un objeto representativo y, al mismo tiempo, representante de la tradición viva, además de tener un efecto liberador (en algunos casos) en la persona que la lleva que le permite realizar, bajo el anonimato que provee la máscara, roles que no se permitiría en lo cotidiano2. Por otro lado, la profesora Ma. Teresa Pomar nos advierte que actualmente no debemos dotar a la máscara de un podre sobrenatural, ya que “la máscara es un elemento que complementa la indumentaria de los participantes” en representaciones ceremoniales y que su comportamiento “será, con o sin máscara, la marcada por las pautas tradicionales”3. Me parece este comentario muy acertado y no debemos perder de vista que, desde el punto de vista de nuestras investigaciones, la máscara no es el fin en sí mismo, es parte de las Danzas de Moros y Cristianos.

En este sentido podemos observar otro de los usos de la mascara en las Danzas de Moros y Cristianos, la representación de la lucha entre los bandos a través de sus rasgos estéticos: los Moros, como veremos más adelante, suelen tener representaciones que destacan rasgos negativos, mientras que los Cristianos, los buenos, suelen tener representaciones más agradables4, o incluso reales, ya que en algunas danzas los Cristianos no utilizan máscaras.

A pesar de todo una máscara es un objeto cuasi sagrado, debe ser manipulada con seriedad y respeto, eso incluye no tomarla introduciendo los dedos en las aberturas para los ojos o la boca y en casos más especiales, incluso ser tomada con guantes o paños limpios. En sus comunidades de origen y de la mano de los artesanos que las elaboran y los danzantes que las portan, representan una larga herencia y tradición. Hay máscaras bailadas, es decir, que fueron utilizadas en alguna danza o representación y son las más buscadas por los coleccionistas; es importante reflexionar en cuáles habrán sido las razones que la llevaron hasta el museo, bazar o tienda donde la admiramos. También hay muchas máscaras “falsas”; me permito el uso de las comillas ya que aunque no sean originales, antiguas o bailadas, no dejan de ser máscaras en sentido formal, aunque no contengan en sí toda la carga simbólica que representa una máscara de danza, pero que se han convertido en todo un reto para los investigadores y coleccionistas ya que muchas veces fueron creadas con la idea de surtir un mercado que no siempre tiene objetos disponibles; este tema es ampliamente comentado por la profesora Pomar en su texto.

En una visita al Centro de Estudios de Arte Popular Ruth D. Lechuga, la maestra Marta Turok, curadora y coordinadora del Centro, nos comentaba que lo primero que debemos preguntarnos al momento de dudar de la autenticidad de una pieza es “¿Alguien puede usar esto?” Es decir, ¿cabe en su cabeza? ¿Podría respirar? ¿Podría moverse? Y a partir de esa pregunta, tratar de obtener mayor información sobre la máscara apoyándonos en los documentos disponibles: los libros, archivos fotográficos y las colecciones que cuenta con una buena documentación de sus piezas.

Finalmente, no debemos pasar por el alto lo que comentamos unos párrafos atrás, la tradición de las máscaras está viva y cambiando constantemente, por lo que las máscaras ya no sólo reflejan las tradiciones de los pueblos originarios, que es lo que muchas veces vamos a encontrar en los textos que se han escrito sobre el tema, sino que también reflejan los cambios y el mestizaje que avanzó en algunas comunidades; es así que tanto las máscaras como las danzas muestran la convivencia entre la tradición y la nueva realidad social de las comunidades.

No es la intención de este espacio abarcar todo lo relativo a las máscaras, existen muy buenos libros que se especializan en ello, pero queremos que sea una breve introducción antes de comenzar a presentar algunas obras sobre este tema en los siguientes #LunesDeLibro y de algunos objetos e imágenes que forman parte del acervo del Centro de Documentación de Danzas de Moros y Cristianos en nuestra #FotoDeLaSemana, de modo que en conjunto nos permitan observar de forma más específica las diversas máscaras que se utilizan en las Danzas de Moros y Cristianos y que, hasta ahora, no han sido estudiadas por separado.

Referencias:

  1. LECHUGA, Ruth, Máscaras tradicionales de México. Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos, México, 1991, p. 144.
  2. Íbidem, pp. 143-144.
  3. POMAR, Ma. Teresa, Danza-máscara y rito-ceremonia, FONART-FONAPAS, México, 1982, p. 14.
  4. LECHUGA, op cit, p. 148.

Las danzas de conquista. Un encuentro con la teatralidad.

Nuevamente es #LunesDeLibro! Aún cuando este texto trata del amplio tema de las Danzas de Conquista, algunos autores consideran que las Danzas de Moros y Cristianos forman parte de esta clasificación, por lo que es uno de los objetos de estudio del libro.

Este libro es producto de los estudios de doctorado del autor, editado por la Universidad Autónoma del Estado de México y publicado en 2016 con un tiraje muy limitado de 200 ejemplares. No es común encontrarlo en bibliotecas y pudiera ser difícil de localizar para la venta ya que parece agotado en la editorial, aunque valdría la pena buscarlo en tiendas de libros antiguos, el precio de venta original era de aproximadamente $500.00.

Ya hemos mencionado, en entradas anteriores, que no consideramos que las Danzas de Moros y Cristianos sean “Danzas de Conquista” propiamente dichas ya que este término se intenta aplicar de forma general de manera que incluya, en el mismo rubro, a los Moros y Cristianos y a las de la Conquista de México y América. Si bien ambas comparten la estructura de lucha y triunfo de un bando sobre el otro y una surge de la otra, la temática de los Moros y Cristianos  obedece a otros motivos. Sin embargo, sigue siendo un término utilizado ampliamente para catalogar las danzas y es por ello el título de esta obra.

El texto esta compuesto por cuatro capítulos que van analizando el tema a partir de la teatralidad, para posteriormente  ver su integración con la fiesta y las danzas. En este segundo capítulo es particularmente interesante el análisis del autor respecto a la etnicidad y la territorialidad, ya que cada una de las danzas tiene sus rasgos distintivos a partir de la región y la localidad en la que se ejecuta.

En el tercer capítulo se abordan las comunidades, todas del Estado de México, que habrán de ser analizadas: Palmillas, en el municipio de San Felipe del Progreso; Santa María del Monte, municipio de Zinacantepec; Tenango del Valle, municipio del mismo nombre; La Concepción Coatipac, municipio de Calimaya; y Mexicaltzingo, en el municipio homónimo. ¿Cuál es el elemento común entre las comunidades propuestas? Que en todas se realiza una representación de Los Doce Pares de Francia. Este capítulo es el corazón de la obra ya que se analizan y hacen comparaciones entre la historia, personajes, coreografías y vestuarios.

El último capítulo cierra con un estudio de las implicaciones sociales y culturales de las danzas en cada comunidad: el espacio, los espectadores, los danzantes, etc.

Uno de los aspectos más interesantes de este texto es que incluye, en el anexo, una relación con la Historia del Emperador Carlomagno o Los Doce Pares de Francia, basada en la utilizada en Palmillas, San Felipe del Progreso.

Tablas e imágenes ayudan en la explicación y comprensión de lo que nos explica el autor, además de incluir al inicio de cada capítulo un pequeño esquema que indica el contenido del mismo y la estructura.

Un libro muy interesante, aunque considero que el título hubiera sido más adecuado si hiciera mención del tema que aglutina a las comunidades de estudio, la representación de Los Doces Pares de Francia, además de que la ilustración de la portada presenta a un danzante Chinelo, teniendo bastante material con el cual trabajar. Como lo mencionamos al principio, la clasificación depende del enfoque teórico que se utilice e, independientemente de estas observaciones personales, es una obra muy recomendable para el estudio del tema de las Danzas de Moros y Cristianos.

Sobre el autor

Alejandro Flores-Solís es licenciado en Sociología y maestro en Estudios Latinoamericanos, ambos títulos obtenidos en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM). Como se menciona en la introducción, obtuvo su doctorado en Lenguas y Culturas Mesoamericanas en la misma universidad, en convenio con la Universidad de Hamburgo, en Alemania. Actualmente es director de la Escuela de Artes Escénicas, de la UAEM.

Bibliografía

  • FLORES-SOLÍS, Alejandro. Las danzas de conquista. Un encuentro con la teatralidad. Universidad Autónoma del Estado de México, Toluca, 2016.

Información de la biografía obtenida de:

Referencias:

Fotografía del autor, captura de pantalla tomada de:

Foto de la Semana: Relación de los Santiagueros de San Bartolo Cuautlalpan.

La #FotoDeLaSemana nos muestra un detalle de nuestro pueblo, ¡San Bartolo Cuautlalpan! Les invitamos a conocer un poco más de nuestra tradición.

La imagen corresponde a la Santiaguería “Caballeros del Apóstol Santiago”, o Santiaguería Casasola, del Sr. Brígido Casasola Pineda, la característica más representativa de esta compañía es el uso de sus símbolos: la Cruz de Santiago para los Cristianos y el escudo para los Moros. Fue tomada en enero de 2019.

San Bartolo Cuautlalpan se encuentra en el municipio de Zumpango, Estado de México. Además de la fiesta del Santo patrón, la comunidad celebra la fiesta de la Purísima Concepción de María el tercer domingo de enero. Las Santiaguerías inician en el pueblo en el año de 1895, aproximadamente, y actualmente hay 12 Santiaguerías que se presentan en la fiesta de enero.

La “Relación”, es la representación de la lucha entre el bando de los Cristianos y los Moros. Dura aproximadamente tres horas y se realiza en la plaza de la comunidad. Al igual que otras representaciones, la Relación, se compone de varias etapas; en la imagen vemos lo que se conoce como “La Conquista”. Después de un intercambio de embajadas entre ambos bandos, los Reyes acuerdan reunirse acompañados únicamente de sus más cercanos ayudantes. En esta entrevista, que antecede la batalla, ambos tratan de llegar a aun acuerdo que evite la guerra. Cuando ambos han terminado de exponer sus argumentos, el diálogo se rompe y entran en batalla, retirándose cada uno a su campo para iniciar los preparativos para luchar.

El vestuario de cada bando es similar, variando el color, que identifica a cada bando: rojo o morado para los Moros y azul para los Cristianos, además de la decoración, con los escudos que ya mencionamos. El traje se compone de túnica, capa con sobrecapa, polainas y sombrero o casco.

San Bartolo 1“La Conquista”, Santiaguería Caballeros del Apóstol Santiago. La imagen es propiedad del Centro de Documentación de Danzas de Moros y Cristianos San Bartolo Cuautlalpan. Todos los Derechos Reservados. La imagen puede utilizarse citando la referencia completa.

Foto de la Semana: Vitrales en Tenango del Aire, Estado de México.

La #FotoDeLaSemana nos muestra una muy interesante representación artística de la danza de Los retos a los Doce Pares de Francia que se desarrolla en el municipio de Tenango del Aire, en el Estado de México.

La danza se presenta en prácticamente todas las comunidades del municipio y los barrios de la cabecera municipal. Por mencionar algunos están San Juan Coxtocán, Santiago Tepopula  y San Mateo Tepopula, que celebran sus fiestas patronales el 23 de junio, 25 de julio y 21 de septiembre, respectivamente.

Estos hermosos vitrales forman parte de la decoración en la cafetería Panes y Pasteles de Tenango, ubicada en el centro de Tenango del Aire (Plaza de la Constitución #9, a un costado de la iglesia). El vitral está ubicado en el piso superior del local y muestra otros aspectos importantes de la comunidad como la iglesia, algunos símbolos religiosos y elementos prehispánicos. Los detalles que presentamos son los más representativos para nuestro espacio y nos muestra la importancia que tiene esta tradición para la comunidad, de tal suerte que forma parte de la identidad del municipio y sus habitantes.

En estas imágenes podemos observar a un Cristiano y a un Moro en combate aunque por la posición de los pies sabemos que están danzando. La indumentaria de los personajes es la característica de la danza de los Doce Pares de Francia, donde la mayoría de los personajes principales utilizan casco o morrión, en el caso de los Cristianos, y coronas, en el caso de los Moros, en este caso, rematado con una media luna. El decorado de los trajes, que suele ser bordado en lentejuelas, muestra a una paloma representando al Espíritu Santo en la capa Cristiana  y lo que parecer ser un dragón en la capa mora.

Aún cuando el detalle que mostramos no permite apreciarlo, los personajes se encuentran de frente separador por una columna de la construcción. Resulta interesante que el Cristiano se encuentra en la parte del vitral donde esta la iglesia. Si realiza una búsqueda de imágenes en Google con el texto “vitral Tenango del aire” se encuentran algunas imágenes que muestran aspectos más amplios del vitral.

 

Fotografías de Emmanuel Rodríguez. Las imágenes son propiedad del Centro de Documentación de Danzas de Moros y Cristianos San Bartolo Cuautlalpan. Puede utilizarse citando la referencia completa.

Links de interés

 

Foto de la Semana: Comparsa de Santiagueros

Nuestra #FotoDeLaSemana proviene nuevamente de la mediateca digital del INAH, presentando en esta ocasión una foto titulada “Comparsa de Santiagueros”, con fecha aproximada 1930  y que forma parte de la colección Casasola.

De acuerdo con la descripción de la fototeca, la imagen fue tomada en el Distrito Federal y se le identifica como danza de Santiagueros. A partir de la imagen, considero que más bien podría tratarse de una compañía de la Danza de los Alchileos y que la imagen pudo haber sido tomada en las cercanías de Teotihuacán, lugar donde se sigue representando esta danza.

Para hacer esta propuesta parto de algunos elementos: en primer lugar el traje de la mayoría de los personajes que aparecen en la imagen parece estar compuesto de un pantalón con calzas altas, más o menos a la altura de la rodilla; además de utilizar una especie de saco abierto al frente. El principal elemento es el casco o sombrero, que lleva una especie de peluca o melena, este elemento es muy representativo de la danza de los Alchileos.

También es interesante notar la figura central, que porta una máscara grande que resalta por sus facciones e incluso alcanzamos a notar las patas y la cabeza de un caballo, elemento que lo identifica como Santiago. Al lado de Santiago se encuentran dos danzantes pequeños, probablemente niños, que lo acompañan. Detrás de uno de ellos, a la izquierda de Santiago, se distingue un personaje con una gran barba blanca, postiza, y una corona que muy probablemente representa a Pilatos.

Un elemento interesante de esta foto es la inclusión de un par de banderas, una para cada bando, y que las figuras que las portan parece que utilizan una máscara cada uno.

Comparsa de SantiaguerosLa imagen es propiedad del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Todos los derechos reservados.

Links de interés

http://mediateca.inah.gob.mx/repositorio/islandora/object/fotografia%3A146539

Si quieres conocer cómo es el traje actual de los Alchileos, da clic aqui.

Foto de la Semana: Santiagueros

En nuestra #FotoDeLaSemana, vemos a la Santiaguería del Rey Melchor que se presenta en el pueblo de Los Reyes Acozac, municipio de Tecámac, Estado de México. La fotografía fue tomada el 6 de enero de 2019 durante la fiesta patronal.

En este caso los vestuarios son muy similares a los que se emplean en San Bartolo Cuautlalpan, variando muy poco en algunos detalles pero manteniendo los elementos característicos: Capa, Peto, Nagüilla, Sombrero adornado con plumas, y los decorados  de las prendas están bordados en lentejuela con chaquira. Quizá una de las diferencias principales radica en el uso de un estandarte pequeño para el personaje de Santiago, mientras que el resto de los Cristianos utiliza una pequeña cruz de madera.

La representación que realizan está muy emparentada con el estilo de San Pedro Pozohuacan y la zona de Teotihuacán, con un par de diferencias sustanciales: no se realiza sobre una tarima ni se utiliza el Divino Rostro, la imagen de Santiago Apóstol. Pero la distribución de la ejecución es similar, siendo un espacio largo con los cuarteles de cada bando en los extremos. Al igual que sucede en San Pedro Pozohuacan, cada par de personajes se enfrentan de forma similar, forcejeando hasta que son derribados.

La representación es extensa, terminando cuando ya ha oscurecido. Al final de la representación se enfrentan Pilatos y Santiago, quién bautiza a los Moros.

De acuerdo con la información recabada, el inicio de esta representación tuvo lugar a finales del Siglo XIX o inicios del Siglo XX, y de acuerdo con los informantes, está emparentada con la de San Bartolo Cuautlalpan al ser el mismo maestro de Danza quien enseñó en ambas comunidades, sin embargo hay grandes diferencias entre ambas representaciones.

En la comunidad hay cinco Santiaguerías que participan en dos festividades:

  • 6 de enero, fiesta de los Reyes Magos:
    • Santiaguería del Rey Melchor.
    • Santiaguería del Rey Gaspar.
    • Santiaguería del Rey Baltasar.
    • Santiaguería Caballeros de la Santa Cruz.
  • 25 de julio, festividad de Santiago Apóstol
    • Santiaguería de Santiago Apóstol.

También hay una muy interesante relación entre la comunidad de Los Reyes Acozac y San Lucas Xolox, ubicada al Oeste. Los días 25 de diciembre y 5 de enero, las Santiaguerías visitan San Lucas Xolox, donde se venera al niño Jesús, en la primera fecha con motivo de la Natividad del Señor y la segunda, conmemorando la Epifanía del Señor, cuando fue visitado por los Santos Reyes para adorarlo.

Santiagueros Reyes Acozac

Santiaguería del Rey Melchor, en Los Reyes Acozac. La imagen es propiedad del Centro de Documentación de Danzas de Moros y Cristianos San Bartolo Cuautlalpan. Puede ser utilizada indicando la referencia completa.

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