De parte de todos los que integramos el Centro de Documentación de Danzas de Moros y Cristianos «San Bartolo Cuautlalpan», queremos desearles una muy feliz Navidad y un excelente inicio de año 2021.

Centro de Documentación de Danzas de Moros y Cristianos San Bartolo Cuautlalpan
Todo sobre las danzas de Moros y Cristianos
De parte de todos los que integramos el Centro de Documentación de Danzas de Moros y Cristianos «San Bartolo Cuautlalpan», queremos desearles una muy feliz Navidad y un excelente inicio de año 2021.

La #FotoDeLaSemana es nuevamente cortesía de Fundación Ajaraca A.C., asociación encargada del resguardo y difusión del archivo fotográfico de la Dra. Ruth D. Lechuga, una de las principales investigadoras de la cultura popular. En el sitio web de la fundación (https://fundacionajaraca.org) podrán explorar una vasta galería que nos permitirá descubrir un poco del México que recorrió, además de conocer de qué forma pueden apoyar a conservar su trabajo.

La imagen que presentamos el día de hoy es muy importante ya que no hay referencias explícitas a la danza en esta comunidad en la bibliografía sobre Moros y Cristianos, además de ser un ejemplo de la relevancia del archivo de la Dra. Ruth D. Lechuga, poder acercarnos a expresiones culturales poco conocidas y contar con un testimonio de su ejecución.
Soledad Atzompa, cabecera del municipio del mismo nombre, se encuentra en la zona montañosa del centro del estado de Veracruz. Es una población nahua con uno de los índices de marginación más altos del estado a pesar de ubicarse a tan sólo 30 km de la ciudad de Orizaba. La fotografía fue tomada en la década de 1970, posiblemente a inicios de febrero, durante la fiesta de la Candelaria, ocasión en que se presenta la danza de Moros y Cristianos. La danza aún se realiza y ha aumentado su participación a la festividad de Santiago Apóstol (25 de julio) y otras celebraciones de la comunidad, sin embargo continua sin ser documentada1.
Como vemos en la fotografía, el atuendo de los Moros se compone de nagüilla con fleco en la parte inferior, camisa con encaje en los puños y capa, todo en satén . En la cabeza se usa un gorro cónico del que cuelga una mascada o paliacate, y la máscara, posiblemente de madera, con barba. Hay dos personajes que destacan: el que porta la corona, que utiliza una vestimenta un poco diferente al cambiar la nagüilla y la camisa por una túnica de satén; y el que lleva la bandera. El traje de los Moros no ha cambiado de forma significativa, aumentado un poco la extensión de las capas y agregando una sobrecapa, ambas con ligeras decoraciones en lentejuela. En la imagen no podemos apreciar al bando Cristiano, pero actualmente su vestimenta se compone de nagüilla, camisa y capa, todo en satén, llevando un sombrero tipo tejana con fleco en el borde. Todos los personajes utilizan espadas o machetes, que usan durante los diálogos y el baile.
Si observamos con atención, podemos distinguir unas líneas blancas en el suelo. Estas líneas, trazadas posiblemente con cal, delimitan el espacio de la representación y se compone de un cuadrado de aproximadamente 12 metros por lado, con líneas que lo dividen en ocho partes. Al centro se coloca un círculo y líneas curvas marcan el encuentro de cada línea con los bordes del cuadrado.

Para la representación, los danzantes se ubican alineados en lados opuestos del cuadrado, siguiendo las líneas cuando realizan el baile, como se puede observar en este video.
Sobre los personajes, en la foto encontramos a Pilatos, el que utiliza la corona, y al Almirante, el que lleva la bandera; a partir de ellos y después del análisis del video sabemos que está también Alchileo (o Archareo) y el Moro Capitán, aunque no sepamos si corresponde a alguno de los otros personajes que aparecen en la imagen. Por el lado de los Cristianos participa Vespaciano y Tito.
Tomando esta información y comparándola con la información publicada en los diferentes textos de Moros y Cristianos, podemos asumir que los personajes que integran la danza son:
| Cristianos | Moros |
| Tito | Sultán |
| Santiago | Moro Capitán |
| Vespaciano | Pilatos |
| Niño | Almirante |
| Alférez | Alchareo |
| Gentil | |
| Tiberio |
A pesar de que la identificación de estos elementos es importante para la documentación de la danza de Soledad Atzompa, aún no contamos con suficiente información para determinar cuál es la Relación (la historia) que presentan. Estos personajes aparecen en una gran variedad de representaciones y los fragmentos de texto que se pudieron rescatar del audio del video no bastan para relacionarlo con alguna otra danza que nos permita identificarlo.
La danza de Moros y Cristianos en Soledad Atzompa presenta particularidades importantes que no han sido estudiadas y documentadas formalmente, por lo que esperamos que esta publicación ayude en su difusión y sea el inicio de una investigación que nos permita conocerla más a fondo y darle su lugar entre las danzas de Moros y Cristianos de nuestro país.
NOTAS
Referencias
Agradecimientos
No podemos dejar de agradecer nuevamente a Brenda Chávez Molotla, Directora Ejecutiva de Fundación Ajaraca A.C., por su apoyo para la presentación de las imágenes del acervo de la Dra. Ruth D. Lechuga que hemos compartido en las últimas semanas. En el Centro de Documentación de Danzas de Moros y Cristianos «San Bartolo Cuautlalpan» nos sentimos honrados por la oportunidad que nos brindaron y esperamos que en el futuro podamos colaborar nuevamente en la difusión de su acervo.
¡Muchas gracias!

Este 8 de diciembre se celebra el dogma sobre la Inmaculada Concepción de María. Fue establecido por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854 en la bula Ineffabilis Deus , siendo desde entonces una de las principales celebraciones dentro de la tradición católica.
Celebramos esta festividad compartiendo un detalle de la fotografía más antigua de la imagen de la Purísima Concepción que se venera en nuestra comunidad sede, San Bartolo Cuautlalpan, Estado de México. La fotografía es de la primera mitad del siglo XX y perteneció al Sr. Brígido Casasola Pineda, quien la presentaba en la iglesia durante la fiesta patronal en enero.
Para saber más sobre esta festividad, visita nuestra entrada del año pasado AQUÍ.
En esta ocasión, nuestra #FotoDeLaSemana nos vuelve a llevar al importante acervo fotográfico de la Dra. Ruth D. Lechuga, resguardado por Fundación Ajaraca A.C. En su sitio web (https://fundacionajaraca.org) podrán ver esta y otras imágenes que nos muestran una parte de la riqueza cultural de nuestro país. ¡Visita la página y descubre cómo puedes apoyarlos en su labor de rescate y difusión!

La imagen que compartimos el día de hoy corresponde a un niño ataviado como Moro para la danza de Los Moros de Nahuatzen, comunidad localizada a 52 km de Pátzcuaro, a una hora de camino aproximadamente. El santo patrón de la comunidad es San Luis Rey, festividad que se celebra el 25 de agosto y en la que participa la danza de Moros, aunque también acompañan la celebración de la Asunción de la Virgen, el día 15 de agosto. Durante las celebraciones los Moros aparecen cabalgando y posteriormente descienden para bailar, ya sea en el atrio de la iglesia (donde realizan la mayor parte) o en calles o casas donde son invitados a pasar.
El elemento más representativo de esta danza es el tocado, que a manera de turbante o corona, tiene forma de cono y está elaborado con hoja de lata adornado con flores y otros detalles vegetales de colores metálicos1. El rostro del danzante esta oculto por una mascada sujeta al tocado, de modo que al retirarlo queda al descubierto. El danzante de la imagen es particular ya que además de la mascada lleva un velo para cubrir el rosto, el conjunto lo hace destacar.
El traje ha cambiado a lo largo de los años pero sigue manteniendo los mismos elementos básicos: pantaloneras, terminadas en punta a la altura de la rodilla y adornadas con galones y flecos; un pantalón que sobresale por debajo y lleva galones a la altura de los tobillos. Una amplia capa bordada cubre la espalda y los costados del danzante. Usan además una camisa y una faja o ceñidor, sin embargo estos elementos no son visibles al queda cubiertas por la larga mascada que cubre su rostro y la capa. En la mano izquierdo portan una pequeña cruz de madera adornada con varios listones de colores. Finalmente, calzan botas con espuelas, mismas que suenan animadamente cuando bailan al compás de la música, interpretada por banda de viento.
La Danza de los Moros es una de las más conocidas y documentadas de cuantas integran el repertorio de Danzas de Moros y Cristianos de México. Es probable que esto se deba a la alta difusión que se le dio durante el siglo XX al incluirla en las diferentes guías turísticas de México y particularmente con su inclusión dentro de los timbres postales de la serie Arquitectura y Arqueología que se emitieron entre 1950 y 19762. Sin embargo la mayor difusión la recibieron las danzas que se desarrollan en la región del Lago de Pátzcuaro3, zona tradicionalmente atractiva para el turismo nacional e internacional para admirar su belleza y sus diferentes costumbres.
Podemos señalar algunas diferencias para distinguir a las danzas de la región lacustre de las que se realizan en la zona del altiplano purépecha:
De acuerdo con Electra Mompradé y Tonatiuh Gutiérrez, algunas danzas prescinden de los Cristianos ya que los Moros suelen ser mucho más vistosos a causa del vestuario4, sin embargo hay registros de la participación del personaje de Santiago en la danza de los Moros5, aunque es probable que haya caído en desuso.
Entre las comunidades donde se presenta la Danza de los Moros encontramos Nahuatzen, Charapan6, Ocumicho, Chilchota, San Jerónimo Purenchécuaro, Ihuatzio, Quiroga, Janitzio, San Pedro Pareo, Santa Fe, Uruapan, Naranja y Pátzcuaro.
La Danza de los Moros es exclusiva de Michoacán y existen varios grupos representantes en las distintas comunidades que la practican. A pesar de que hay otras con el mismo nombre, el vestuario y los elementos que se comparten en esta región la vuelven una manifestación cultural de gran belleza y originalidad.
NOTAS
BIBLIOGRAFÍA
AGRADECIMIENTOS
A Brenda Chávez Molotla, directora ejecutiva de Fundación Ajaraca A.C., por su apoyo para la realización de esta publicación.
En esta ocasión nuestra #FotoDeLaSemana llega por cortesía de Fundación Ajaraca, asociación civil encargada de la custodia del amplio acervo fotográfico de la Dra. Ruth D. Lechuga. Puedes visitar esta y otras imágenes en su sitio web (https://fundacionajaraca.org), además de apoyarlos en la conservación y difusión de este maravilloso registro documental.

En la imagen podemos observar a integrantes de una comparsa de Alchileos en San Francisco Mazapa, Estado de México, comunidad aledaña a la zona arqueológica de Teotihuacán. El detalle más llamativo es la peculiar máscara que utilizan los Alchileos, personajes de los que toma nombre la danza, hecha con fieltro moldeado y pintado, unida a una zalea de borrego1 teñida de rojo, naranja o amarillo. Esta sirve de melena y barba al mismo tiempo, de tal forma que el conjunto se convierte en una especie de casco2 que cubre completamente la cabeza del danzante.
El resto del vestuario se compone de una pechera de tela verde y roja, adornada con cintas de fleco, una calzonera bombacha roja sujeta a las rodillas y una gruesa casaca de los mismo colores3. El personaje de la extrema derecha sostiene una bandera; de acuerdo con Julia Martínez de la Rosa, cronista de San Martín de las Pirámides, uno de los danzantes del bando hereje es llamado «Abanderado», es probable que se trate de este4.
Hay un detalle más que puede pasar desapercibido si no se observa cuidadosamente la imagen. Observe al segundo personaje de izquierda a a derecha, justo debajo del fleco de la pechera puede observarse una especie de campanilla. Los Alchileos portan un manojo de cascabeles llamados coyoles (derivado del náhuatl) que suenan al ritmo del baile de los danzantes, simulando los golpes de las espadas durante una batalla5, acompañados de la música de la flauta y el tambor.
Además de los Alchileos, los personajes más numerosos (alrededor de 25), la danza incluye a Pilatos y al Capitán Savario como parte de los herejes. Por los Cristianos se encuentra Santiago, que porta una máscara hecha de metal y lleva un caballito en la cintura, acompañado de sus dos ayudantes, los gallines, interpretados por niños. La representación narra la conquista de Jerusalén por parte de Santiago y los Cristianos, mientras Pilatos y Savario dirigen la defensa al mando de los Alchileos, que representan a los judíos6.
La danza de los Alchileos es una de las más documentadas de entre las que integran el repertorio de Moros y Cristianos en nuestro país, probablemente su cercanía con una zona tan importante como lo es Teotihuacán, contribuyó a este hecho. Manuel Gamio realizó un amplio e importante registro documental en el libro La población del Valle de Teotihuacán incluyendo fotografías e ilustraciones, descripciones de la danza y el vestuario, una breve recopilación de los diálogos (que se siguen realizando en náhuatl) y un acta fechada en 1911 donde vecinos de la comunidad de San Francisco Mazapa, se comprometen a sacar la danza de los Hachileos Españoles en un acta ante el juzgado auxiliar de la comunidad, lo que nos habla de la importancia del acto7.
El nombre de la danza ha sido objeto de varias interpretaciones. Alchareo o Archareo es un personaje usual en las danzas de Moros y Cristianos, incluso uno de los personajes principales de esta danza se llama Alchileo Mayor. La versión más difundida, sin que sea un antecedente directo, es la conformación de un cuerpo militar español en 1946, «los archareos de la cuchilla», llamados así por utilizar el archa; sin embargo, de acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española8, archa deriva de archeros. Otra versión indica que puede provenir del latín arqueros o del inglés archer9. En todo caso, Alchileo sería una deformación del término.
Los grupos más antiguos de Alchileos están en dos comunidades: San Francisco Mazapa y San Martín de las Pirámides. En San Francisco Mazapa se baila el 4 de octubre (San Francisco de Asís), el 3 de noviembre (San Martín de Porres) y en la celebración de Pentecostés (finales de mayo o principios de junio). En San Martín de las Pirámides el 11 de noviembre (San Martín de Tours) y el 8 de mayo (Ecce Homo). Además acompañan las fiestas patronales en San Sebastián Xolalpa, Santa María Coatlán, San Antonio de las Palmas, Santiago Tolman, San Pablo Ixquitlán y Santiago Tepetitlán1,además de apoyar en la recuperación de la danza en Santa María Palapa, todas comunidades vecinas.
La danza de los Alchileos es exclusiva de la región de Teotihuacán y mantiene una vitalidad importante. Algunos autores lo relacionan, quizá a partir del nombre, con la danza de los Archareos de Guerrero y de los Chareos de Oaxaca, sin embargo no hay elementos comunes entre ellas ; la indumentaria y los diálogos la convierten en una celebración diferente y especial, parte importante de nuestras representaciones de Moros y Cristianos.
NOTAS
Bibliografía
AGRADECIMIENTO
Agradecemos a Fundación Ajaraca A.C. y a Brenda Chávez Molotla, Directora Ejecutiva, por su apoyo y colaboración.
En este #LunesDeLibro vamos a revisar un texto muy importante para el estudio de las máscaras en nuestro país y, a partir del mismo, conoceremos un poco más de las máscaras que se utilizan en las danzas de Moros y Cristianos, todo ello de la mano de la Dra. Ruth D. Lechuga.


No es posible hablar sobre las máscaras mexicanas sin mencionar a la doctora Ruth Deutsch Lechuga, coleccionista y pionera en la investigación del arte popular, así como en la documentación de diferentes aspectos de la vida cotidiana de las comunidades, a través de las imágenes que capturó durante sus viajes por varios rincones de nuestro país. Su vasto acervo fotográfico se encuentra bajo custodia de Fundación Ajaraca (https://www.fundacionajaraca.org/) y es un testimonio de manifestaciones sociales y culturales, algunas ya desaparecidas, el cual nos permite conocer un poco más acerca de los pueblos y de su gente.
Antes de comenzar, hablemos brevemente sobre la fotografía que ilustra esta reseña, cortesía de Fundación Ajaraca. En ella podemos observar a la Dra. Lechuga rodeada de personajes enmascarados en San Antonio El Doctor, en el estado de Querétaro. De acuerdo con la información publicada en una fotografía de la misma serie, disponible en el sitio web de la fundación, estos personajes representan a diablos y acompañan las procesiones de Semana Santa. Puede visitar esta imagen dando clic aquí.*
Máscaras tradicionales de México cuenta con una edición y fue publicado por el Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos (BANOBRAS) en 1991, con un tiraje de 2000 ejemplares. La presentación de la obra está a cargo del Dr. Enrique Álvarez del Castillo, director de la institución entre 1991 y 1993, donde manifiesta el interés del banco en difundir y rescatar la cultura del país. Este texto se puede consultar con relativa facilidad en bibliotecas, aunque para conseguir un ejemplar es necesario recurrir al mercado secundario. En Internet puede encontrarse con precios entre los 60 USD y 180 USD más envío; también puede buscarse en librerías de ocasión y especializadas con precios similares, alrededor de $1,300 MXN.
Dentro de las diferentes categorías del arte popular, las máscaras ocupan un lugar destacado ya que no se limitan al objeto en sí mismo, sino que trascienden a partir de su uso en danzas, fiestas y carnavales. La importancia de la máscara queda manifiesta desde la introducción, donde la autora nos menciona que «Cuando el individuo deja a un lado sus máscaras personales, para actuar como exponente de las manifestaciones culturales de la sociedad, la máscara se convierte en revelación de la esencia del grupo que representa. En este momento deja de ser expresión facial individual y se recurre a la careta elaborada especialmente para cada ocasión.«1, es decir, las máscaras se vuelven la faceta representativa de las tradiciones.
El libro abarca en cuatro capítulos los aspectos más notables para conocer la relevancia e historia de las máscaras en México. El capítulo 1, Las máscaras desde tiempos prehispánicos, es corto y nos muestra la transición entre el origen y el uso de las máscaras entre las culturas originarias y los primeros años del periodo colonial. Es aquí, en un momento tan temprano del texto donde queda asentada la importante relación entre la máscara y la danza, al señalar que «Durante las ceremonias religiosas y también en algunas ocasiones festivas se ejecutaban numerosas danzas. En todas ellas se hizo amplio uso de máscaras que representaban toda clase de animales, personas de otras tierras, viejos y muchos más«2. A partir de la conquista de Tenochtitlan, el periodo colonial se recorre en unos pocos párrafos, pero nos detenemos en dos puntos clave para nuestro análisis: la mención de la danza de los Moros y Cristianos, como parte de los festejos realizados por los españoles y su rápida difusión y adaptación por parte de los indígenas; y la imagen que representa a un Moro en una parte del «Biombo del palo volador», exhibido en el Museo de América, en Madrid, España.
El capítulo 2 es el más amplio, no es sorprendente ya que en él se habla de La máscara en el México contemporáneo. Aquí se presentan las máscaras utilizadas en las diferentes danzas y representaciones que la autora pudo ver y documentar directamente. Para abordar un panorama tan amplio, el capítulo se presenta a partir de ejes temáticos: danzas de los viejos, de animales, el tigre (la cual recibe un apartado especial), de homenaje y catequizantes, ciclo agrícola, por mencionar algunas, además de las «Danzas de moros y cristianos y sus derivados» siendo el contenido donde pondremos particular atención.
A partir de la descripción de las danzas de este tipo, la autora propone catalogarlas como el ciclo de infieles y cristianos3, debido a la variedad de temas englobadas dentro de los «Moros y Cristianos», donde la categoría de «Moros» queda rebasada al incluir a los enemigos representados por indios, judíos, diablos, etc., siendo la conclusión en todas ellas la misma: la conversión y bautizo de los infieles y el triunfo de los Cristianos.
A continuación la autora hace referencia a distintas danzas y sus principales características, además de señalar que el nombre con el cual se conocen usualmente tiene relación con algún aspecto determinado de cada una de ellas, surgiendo así los Moros Cabezones, los Santiagueros, los Chareos, Pilatos, Archareos, Alchileos, Medias Lunas, Santiagos, además de los Doce Pares de Francia, entre otros. Si bien las danzas de Moros y Cristianos están ampliamente difundidas en todo el territorio nacional, el texto pone especial énfasis en comunidades ubicadas en Chiapas, Guerrero, Puebla, el Estado de México, Oaxaca, Jalisco y un par de menciones puntuales a Colima, la zona del Bajío y Veracruz.
Al avanzar en la lectura, es posible identificar el uso de varias categorías que nos remiten a la clasificación de danzas propuesta por Arturo Warman en su texto La danza de Moros y Cristianos (SepSetentas, 1972)4, aunque no se menciona explícitamente: espectáculos de masas, ciclo de moros y cristianos, ciclo carolingio5, danzas de conquista, tastoanes y danza de concheros.
Nos parece oportuno señalar una situación ya comentada en nuestra introducción al estudio de las máscaras en las danzas de Moros y Cristianos y que la autora señala expresamente: no en todas estas representaciones se utilizan máscaras. En este sentido habla del caso de las Morismas en Zacatecas y algunas danzas donde muchos cristianos no portan máscaras, o utilizan yelmos, o Santiago suele representarse con el rostro descubierto. Sin lugar a dudas, es necesario mencionarlas aunque no abunda en ellas, toda vez que el tema del libro son las máscaras.
El capítulo 3, trata de los personajes fundamentales para las máscaras, sus creadores. El mascarero y su trabajo nos presenta nombres y testimonios de varios artesanos con los que la Dra. Lechuga tuvo contacto , además de las diversas técnicas y materiales: madera de copal, copalillo y clavelino, entre otras; cuero, cera, papel, cartón y hasta metal son los materiales transformados en las hábiles manos de los mascareros. Su importante labor contrasta con las necesidades cotidianas, donde muchos de ellos deben alternar esta actividad con las labores del campo o sus empleos en las ciudades aunque, poco a poco, la mayor demanda de máscaras por parte de coleccionistas y otros mercados ha permitido que algunos artesanos se dediquen de tiempo completo a su elaboración aunque ello implique la creación de piezas meramente decorativas sin descuidar la producción de máscaras tradicionales para cubrir la demanda local.
De este capítulo llama nuestra atención la mención del rostro pesado que se utiliza en la danza de los Alchareos, en San Martín de las Pirámides, Estado de México. Este objeto se elabora con aluminio y fierro, con un peso cercano a los 5 Kg. En contraste, se tiene el rostro liviano, elaborado en fibra de vidrio y con un peso mucho menor, que se utiliza cuando la danza tendrá una duración larga6. Este cambio en los materiales, de usar fibra de vidrio en lugar de madera, es una muestra de la convivencia entre la tradición y la modernidad.
El rostro de la máscara es el último capítulo del libro, donde se habla de las características y las funciones de la máscara. En este sentido, la autora retoma una de las ideas iniciales del texto «La máscara, como objeto separado de su función, puede ser una obra de arte, una escultura de gran mérito estético. Sin embargo, se trataría de un arte estático, desconectado de su propósito real. Por otro lado, como parte de la indumentaria y en el contexto de la danza, la máscara, aun sin movilidad facial propia, adquiere expresiones diferentes, de acuerdo con los movimientos de su portador «7. Y a partir de esta idea nos expone diferentes tipos: con detalles, sencillas, muy elaboradas, totales, parciales, más grandes que el mismo rostro del portador o incluso, más pequeñas. El cierre del libro es la parte más profunda de todo el texto porque nos adentra en las funciones que las máscaras pueden tener y que pueden abordarse desde diferentes disciplinas y a partir de la experiencia de los danzantes, compartidas en este apartado, por lo que el texto refleja la conexión que tuvo la Dra. Lechuga con las personas que conoció.
Un ejemplo sobre las diferentes funciones de las máscaras, más allá de su uso en las danzas, lo encontramos en el caballito utilizado en la danza de los Santiagueros de Cuetzalan, Puebla. Según Donald Cordry, es un objeto con un matiz sagrado al que se le debe proporcionar agua y maíz mientras se encuentra en custodia del danzante que interpreta a Santiago a fin de evitar su escape del pueblo8.
Si bien el texto se encuentra repleto de narraciones y anécdotas contadas a la autora o vistas por ella misma, es en este capítulo donde se hace un análisis formal y se retoman varios elementos comentados en las páginas anteriores, permitiendo que el viaje hecho desde los antecedentes y uso de las máscaras en el mundo prehispánico hasta la década de 1980, tenga una conclusión y nos permita visualizar nuestras máscaras y danzas con otros ojos. A pesar de la distancia temporal entre la publicación del libro y nuestros días, el texto continúa vigente y es una referencia importante para un estudio sobre este tema, porque como la autora dice al finalizar, estamos hablando de una cultura viva, no se detiene y cambia conforme las necesidades, las creencias y los medios disponibles lo permiten.
El libro está profusamente ilustrado, con 123 imágenes a color y en blanco y negro, abarcando la amplia variedad de temas que hemos revisado. Entre estas fotografías se incluyen: 1 es una máscara de Tastoanes, 2 del Carnaval de Huejotzingo y 8 relacionadas directamente con las Danzas de Moros y Cristianos, incluyendo la mostrada en la portada, correspondiente a la danza de Los Doce Pares de Francia de Mexicaltzingo, Estado de México9.
Al hablar de las fotografías, es necesario dedicar un espacio a una persona importante en la concepción de este material, el Sr. Enrique Franco Torrijos, fotógrafo y amigo de la Dra. Lechuga, de quien se incluyen 39 fotografías en el libro, en su mayoría de piezas de colección o de objetos fijos. Además de su aportación gráfica, redactó la semblanza de la autora, misma que aparece en la solapa. Como nota personal, tuvimos ocasión de compartir una visita con el Sr. Franco y las historias y anécdotas que compartió nos permiten entender mejor su colaboración en este texto.
A partir de la revisión del libro, encontramos un par de detalles que nos parece oportuno mencionar. Las referencias de las imágenes 46 y 47 se encuentran invertidas. La imagen 46 se encuentra en la página 59 y corresponde a la danza de los Moros de Texistepec, Veracruz. La imagen 47 se encuentra en la página 60 y corresponde a la danza de los Archareos. Así mismo, el nombre de la comunidad donde se practica esta danza aparece como «San Francisco Mazapan, estado de México», siendo el correcto «San Francisco Mazapa, Estado de México». Por otro lado, la referencia de la imagen 2, Pintura rupestre, indica que se encuentra localizada en las Grutas de Juxtlahuaca, Oaxaca. Estas grutas se localizan en la comunidad de Juxtlahuaca, en el estado de Guerrero10.
Tal como se comentó al inicio, este libro es una referencia importante y necesaria para adentrarnos no solo al mundo de las máscaras, sino también al de las danzas. Sin volverse un catálogo o un diario pormenorizado de una u otra, nos da elementos suficientes para entender mejor las manifestaciones culturales de los diferentes pueblos y grupos de nuestro país. La obra está respaldada por una extensa bibliografía, por pláticas y entrevistas con varios personajes sin mencionar que es producto de los viajes, las investigaciones y la invaluable experiencia de la Dra. Ruth D. Lechuga.
NOTAS
*Enlace actualizado.
Sobre los autores
Ruth Deutsch Reiss, nació en Austria en 1920. En 1939 su familia llega a México buscando refugio ante la persecución que sufrieron en Europa en los albores de la 2da Guerra Mundial. Estudió Medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México y se naturalizó como mexicana en 1954. En 1949 comenzó a acompañar a su padre en sus viajes por el país, recorriendo comunidades apartadas y conociendo su cultura y artesanías, de ahí nace su pasión por el arte popular. Contrajo matrimonio con el Dr. Carlos Lechuga Vergara, con lo que comenzó a ser conocida como Ruth D. Lechuga. Fue directora del Museo de Arte e Industrias Populares, asesora técnica del Fondo Nacional para las Artesanías y secretaria para los países latinoamericanos den el Consejo Mundial de la Artesanía, de la UNESCO. Autora de El traje indígena de México y La indumentaria indígena, entre otros, además de varios artículos. Falleció en su casa de la Ciudad de México el 19 de septiembre de 2004.
Enrique Franco Torrijos, nació en la Ciudad de México en 1930. Fotógrafo. Realizó estudios de Antropología Maya en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Ha escrito y participado en numerosos libros, entre ellos El Insólito Paisaje Mexicano, Kohunlich, una ciudad Maya del Clásico Temprano e Islas, silentes centinelas de los mares mexicanos. Actualmente es Socio Director en Franco Torrijos y Asoc. Editores.
Bibliografía
DEUTSCH LECHUGA, Ruth, Máscaras tradicionales de México, Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos, México, 1991. pp. 157.
Información de las fotografías
Fotografía de la Dra. Ruth D. Lechuga, cortesía de Fundación Ajaraca A.C. Agradecemos a Fundación Ajaraca y a su Directora Ejecutiva, Brenda Chávez Molotla, su apoyo.
Información de las biografías.
Agradecimientos especiales
Este día, hace 449 años, las flotas Turcas y Cristianas se enfrentaron frente a las costas de Grecia en una de las batallas más importantes del conflicto entre Musulmanes y Cristianos. La célebre batalla de Lepanto, terminó con el dominio de los turcos en el Mediterráneo.
Este evento se rememora cada año en las Morismas de Bracho, en Zacatecas, en las que se representa este conflicto, con la diferencia de que en este caso la batalla es terrestre en lugar de naval. Eso no quita intensidad a los eventos y cada uno de los personajes principales aparece para aportar a la historia que culmina con el triunfo de la Cruz.
La imagen que presentamos fue tomada al atardecer del viernes 30 de agosto de 2019. Al termino de los combates participantes y espectadores se preparan para ir a descansar mientras el sol se oculta detrás de los cerros de Zacatecas.

En esta ocasión, presentamos un pequeño fragmento de una pieza conocida como «Canto», grabada el día 25 de agosto de 2019. Esta melodía es interpretada en momentos solemnes de la representación de los Santiagueros de San Bartolo Cuautlalpan, principalmente al iniciar o terminar las representaciones.
Mientras los músicos tocan, los mayores de la Santiaguería, es decir las personas de mayor edad y el maestro de libro, se juntan para cantar unas estrofas al ritmo de la música.
Existen varias estrofas y pueden variar entre las diferentes Santiaguerías, pero aquí reproducimos uno de los versos:
«¡Viva la Virgen María
y el Mesías verdadero!,
¡Viva!, por eternidades,
¡Viva!, por siglos enteros.»
El momento de la entonación de esta melodía suele ser muy emotivo, puesto que marca momentos importantes de la representación.
¡Escucha la melodía visitando la lista de reproducción en nuestra página principal y seleccionando la pista No. 7!
Este #LunesDeLibro continuamos adentrándonos en el interesante y amplio mundo de las máscaras a través de otro catálogo, donde podremos ver buenos ejemplos de las máscaras que se usan en las Danzas de Moros y Cristianos, entre otras.


Como ya lo mencionamos, este texto es el catálogo de la exposición del mismo nombre, que se presentó del 25 de agosto de 2015 al 26 de abril de 2016, en la galería de Palacio Nacional en la Ciudad de México. Originalmente la muestra estaba programa hasta diciembre de 2015, pero la gran afluencia de visitantes permitió que se extendiera unos meses más. Posteriormente se presentó del 29 de junio al 30 de octubre de 2016 en el Museo Regional de Antropología de Yucatán, conocido también como Palacio Cantón, en la ciudad de Mérida. Hubo importantes diferencias entre ambas muestras, ya que en la ciudad de México se contó con la exhibición de 450 piezas, provenientes de 40 colecciones nacionales, mientras que en la exposición en Mérida se presentaron 157 piezas1.
El catálogo fue editado en 2015, preparado para la exhibición de la Ciudad de México, curada por Sofía Martínez del Campo Lanz, que además escribe uno de los ensayos incluidos en el catálogo, además de los presentados por otros autores como Eduardo Matos Moctezuma, Silvia Seligson, Miguen Ángel Rubio Jiménez, René Bustamente y Gabriela Jáuregui. La obra tuvo una sola edición, editada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, con apoyo de la Presidencia de la República, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, la Secretaría de Educación Pública y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, aunque no se tiene información del tiraje. Es una obra de muy fácil consulta: se encuentra en varias bibliotecas; para compra el precio ronda los $600 MXN; y se encuentra disponible para descarga gratuita en la mediateca digital del INAH (puedes descargarlo dando clic AQUÍ)
La semana pasada comenzamos a revisar los textos sobre máscaras con el catálogo de la exposición La tierra y el paraíso. Máscaras mexicanas, que se presentó en Bélgica en 1993, mostrando 400 piezas de las colecciones de Rafael Coronel. Sin hacer una comparación directa, consideremos la gran riqueza y diversidad que presentó en Máscaras mexicanas. Simbolismos velados, no tanto por el número de objetos en exhibición, sino por el origen de las mismas: 40 colecciones diferentes; esto aunado al número de articulistas que colaboran en la redacción del catálogo, crea una pluralidad de ideas y visiones que crean una mirada fresca a la investigación sobre las máscaras en México y que conviven a través de la curación de la exposición. Insisto en que no se trata de una comparación directa, cada exposición nos habla de su tiempo, de los recursos y de sus objetivos; en conjunto, ambos catálogos nos ayudan a entender el fenómeno de las máscaras mexicanas.
La primera parte del libro corresponde a los valiosos ensayos de los autores que hemos señalado. El texto de Miguel Ángel Rubio Martínez, «Rostros de la diversidad», es el que aborda, de forma breve, las Danzas de Moros y Cristianos, señalando la convivencia de personajes que representan a los paladines de cada bando, así como de diferentes tipos de «Mahomas», todo como resultado de la apropiación y transformación de las danzas por parte de las comunidades de México.
La segunda parte del texto es el catálogo de la exposición, dividida en 5 temas, con fotografías a color de cada una de las piezas, señalando la información técnica de cada una (# de pieza, nombre, uso, procedencia, materiales y técnica de elaboración, dimensiones y colección), además de un breve texto que contextualiza la pieza. Al ser una exposición sobre las máscaras en general, las piezas son muy diversas: piezas prehispánicas, máscaras mexicanas, máscaras del mundo y piezas de arte contemporáneo que tienen por tema las máscaras. Cada sección temática de la exposición inicia con un breve texto que da inicio a la misma.
La sección que nos resulta de mayor interés para nuestro espacio es el cuarto; La máscara, el rito y la fiesta, que comienza con una cita de Ruth D. Lechuga, una de las grandes investigadores de las artes populares y de las máscaras en nuestro país. En esta sección se incluyen las máscaras y algunos trajes de las danzas y bailes populares; sobre Moros y Cristianos se presentan 23 piezas y algunas más de Tastoanes. También se incluye una ilustración muy interesante de Olga Costa, titulada «Guerrero a Caballo», en la sección 5, «El arte y la máscara».
Es un libro muy recomendable, sobre todo a partir de su amplia disponibilidad, sin dejar de mencionar las piezas que se exhiben y los textos que las acompañan. Si bien no me parece que sea uno de los primeros que recomendaría para abordar el tema de Moros y Cristianos, ya que en realidad tratan muy poco el tema, es bueno para admirar las máscaras relacionadas con el tema y que provienen de diferentes colecciones, siendo este el punto de partida para conocerlas.
Notas:
Sobre la curadora
Sofía Martínez del Campo Lanz, licenciada en restauración de bienes muebles por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (1989). Ha desempeñado diferentes cargos dentro del Instituto Nacional de Antropología e Historia, restauradora de piezas arqueológicas, Coordinadora del Proyecto de Conservación Máscaras Funerarias y Presidente del Consejo de Conservación-Restauración de Monumentos Muebles e Inmuebles por Destino. Actualmente es investigadora en la Coordinación Nacional de Museos y Exposiciones. Es autora de Rostros de la divinidad: los mosaicos mayas de piedra verde (2010), y coordinadora de Códice maya de México antes Grolier (2018) y La máscara de Malinaltepec (2010).
Bibliografía
MARTÍNEZ DEL CAMPO, Sofía. Máscaras mexicanas. Simbolismos velados, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, 2015, pp. 339.
Información de la biografía:
Referencias:
La #FotoDeLaSemana en esta ocasión acompaña a la revisión que estamos haciendo de libros sobre máscaras y las que se utilizan en las Danzas de Moros y Cristianos, ¡acompáñanos a descubrirla!
La Danza de los Moros se realiza en la comunidad de Coatepec Harinas, en el Estado de México. La festividad principal es el 12 de diciembre, en honor de la Virgen de Guadalupe, imagen principal y patrona del Santuario de «El Cerrito». Al mismo tiempo que los Moros, se presentan otras danzas en el atrio, como los Arrieros y varios grupos de Concheros, por lo que la fiesta es una algarabía total.
La danza narra la historia de Carlomagno y los Doce Pares de Francia, así que los Moros representan a los personajes que participan en esta epopeya como Fierabrás, el Almirante Balán, Clarión y Galafre, entre otros. Los danzantes que interpretan a los Moros utilizan grandes máscaras de madera con expresiones fuertes, barbas y bigotes; algunas máscaras pueden llevar otros rasgos distintivos como la que se observa en la foto, que tiene un corte en la mejilla y los ojos con venas. Al ser más llamativos que sus contrapartes Cristianos, que no utilizan máscaras, es posible que por ello la danza se conozca como Danza de los Moros.
Durante la representación los danzantes realizan una pausa para descansar y colocan sus máscaras y aditamentos en el suelo, en el lugar donde dejaron de bailar o muy cerca de él, ya que después del descanso retoman la danza para la parte final de la representación. La fotografía fue tomada durante este descanso el 14 de diciembre de 2019.
